El original Perú ("ESPECIAL")

 

Triunfo electoral en Chile: el derechista José Antonio Kast venció a la oficialista Jeannette Jara.

Kast, ex diputado conservador, obtuvo alrededor de 58% de votos válidos en segunda vuelta electoral presidencial sobre Jara, candidata del Partido Comunista, quien sólo consiguió 41%, más o menos. Kast ganó en todas las circunscripciones electorales chilenas. En algunas, incluso, arrasó. A Kast, quien asumirá en marzo del siguiente año, le espera una ardua labor: volver al crecimiento económico y restablecer el orden público y la seguridad en Chile.

En Perú los sectores “de derecha” están con una sonrisa de oreja a oreja, como si Kast fuese uno de ellos. No hay una “ola derechista que recorre el mundo”, pero sí habría una “ola derechista latinoamericana”. Tienen algo de razón: Javier Milei en Argentina es el mayor y mejor exponente. En Paraguay está Santiago Peña. En Bolivia, Rodrigo Paz. En Panamá, José Raúl Mulino. En la República Dominicana, Luis Abinader está en su segundo mandato presidencial. En Ecuador, aún continúa Daniel Noboa. En Honduras, aunque el conteo oficial de votos de las elecciones generales del 30 de noviembre todavía no acaba (¿?), Nasry Asfura, ex Alcalde de Tegucigalpa y candidato del Partido Nacional, habría derrotado a Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, y a Rixi Moncada, candidata de la presidenta izquierdista Xiomara Castro. El próximo año habrá elecciones generales en Colombia y cualquier candidato que apadrine el presidente izquierdista Gustavo Petro será derrotado. En Costa Rica habrá elecciones generales en dos meses y la politóloga Laura Fernández, candidata del díscolo presidente Rodrigo Chaves, podría ganar. Por supuesto, no olvidar al sátrapa salvadoreño Nayib Bukele.

Por ahora, está la excepción mexicana, Brasil y Luiz Inacio Lula Da Silva con chances de reelección presidencial (¡ay, brasileños!), Uruguay, Guatemala, la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela (mientras no se la “carguen” los Estados Unidos), la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua, la Cuba comunista y la anarquizada Haití. En Perú, desde el “porno-filo” Presidente de la República (quien ha “alineado” su Gobierno interino con los propósitos de la Casa Blanca y el State Department en Washington DC) hasta sus amigos “de derecha” creen que el siguiente año será el turno de este país.

Falso. No es la primera vez que Perú no sigue una tendencia latinoamericana, como consecuencia de las particularidades de este país. Basta retroceder cien años atrás: mientras en otros países latinoamericanos alcanzaban el poder partidos políticos de lenguaje populista, reivindicador de intereses populares, con matices socialistas e, incluso, de orígenes marxistas como el APRA (así era la época), en Perú la extinta oligarquía y los militares cerraron filas para impedirlo como diera lugar.

En la década de 1970, cuando medio subcontinente vivía o iba a vivir el militarismo derechista, Perú experimentó un militarismo de signo ideológico contrario: la dictadura del general Juan Velasco Alvarado. A inicios de la década de 1990, cuando América Latina estaba dejando atrás las últimas dictaduras (con la excepción de Cuba), en Perú se instaló un régimen político de nuevo cuño: la dictadura de Alberto Fujimori. En la década del 2000, cuando ese autoritarismo populista se expandía por el subcontinente, con un sello izquierdista, Perú había experimentado con Fujimori el mismo autoritarismo populista, pero con sello derechista.

Parte de la idiosincrasia peruana es la creencia de la “originalidad” de Perú. No sabemos bien el por qué, pero Perú no sería igual a nuestros hermanos latinoamericanos. Una inminente victoria electoral “roja” en 2026 lo demostrará.

 

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