¡Vuelve el circo Olivera!


Lo oí y no paré de reír. Fernando Olivera, “Popy”, quiere volver a la política peruana.
 
¿Quién es este individuo?. Para quienes no saben o lo olvidaron, Fernando Olivera es un abogado que inició su vida pública en el novísimo Ministerio Público durante el gobierno de Acción Popular. En 1984 fue secretario de Álvaro Rey de Castro, entonces Fiscal de la Nación, quien investigaba violaciones a los derechos humanos en Ayacucho. Al año siguiente incursionó en la política con el Partido Popular Cristiano (era militante desde 1977) y ganó un escaño en la Cámara de Diputados. Al poco tiempo, renunció al pepecismo.
 
Pronto Olivera se transformó en “Popy”, bautizado así por su increíble parecido con un conocido payaso venezolano de la época. En 1986 denunció que, dentro del Palacio Legislativo, el diputado José Barba Caballero le “robó” su maletín conteniendo “pruebas” de la corrupción del gobierno del APRA. Dos años después se enfrascó en un célebre pugilato en una sesión plenaria con el diputado Rómulo León Alegría, entonces Ministro de Pesquería. Asumió el papel de “moralizador” y fundó su movimiento político, el Frente Independiente Moralizador (FIM), en 1990 con el cual obtiene la reelección.
 
En 1991 promovió y encabezó la comisión investigadora de la Cámara de Diputados sobre la corrupción aprista. El grupo de trabajo lo integraban Lourdes Flores Nano, Fausto Alvarado, Pedro Cateriano (hoy Presidente del Consejo de Ministros) y Jorge Baca Luna. Era la “comisión viajera”, porque hasta viajó a una sesión de un comité del Senado estadounidense “a investigar”, hasta que el senador John Kerry volvió a los diputados peruanos a la realidad.
 
Olivera rechazó el golpe de estado del 05 de abril de 1992, pero cuando vio que la dictadura de Alberto Fujimori sería anti-aprista participó en nuevas (truculentas) investigaciones del Congreso Constituyente Democrático (CCD) y aplaudió que reabran procesos penales ya cerrados en la Corte Suprema de Justicia. Denunció también las tropelías de Fujimori hasta la revelación del video Kouri-Montesinos en el año 2000, que acabaría con la dictadura.
 
Convencido que era popular, Olivera decidió ser candidato presidencial, pero quedó en cuarto lugar. Se alió con el gobierno de Alejandro Toledo, quien lo nombró Ministro de Justicia. Ahí ocurrió el escándalo de las “cartas apócrifas” al Vaticano calumniando al cardenal católico Juan Luis Cipriani. En 2002 fue nombrado embajador peruano en Madrid, pero pasaba más tiempo en el Perú que España. Calló a una reportera en público, golpeó a otra con la puerta de su vehículo e hizo gestos obscenos en la calle. En 2005 se hizo nombrar Ministro de Relaciones Exteriores, pero causó una crisis ministerial y renunció diez horas después. Al año siguiente quiso ser candidato presidencial otra vez, pero se resignó al Congreso. Lo perdió todo.
 
Entre 2006 y 2011, durante el gobierno de Alan García, Olivera permaneció alejado del Perú. Reapareció el año pasado, pero la mochila que carga es demasiado pesada. Simplemente, es un chiste viviente de la política peruana.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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