Partidos y
movimientos políticos se preparan para inscribir candidatos a la elección
parlamentaria de enero próximo.
Aunque haya
políticos con chance de conseguir más escaños en el nuevo Congreso que otros,
todos van para ganar. Sin embargo, hay dos excepciones: la facción de izquierda
radical que lidera la ex congresista Verónika Mendoza y el fujimorismo. Parecen
participar para perder.
En primer
plano, Mendoza apostó todo su capital político a una cuestionable alianza con
el suspendido presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón (a quien el
Ministerio Público y el Poder Judicial hallaron culpable de corrupción
administrativa), y su movimiento, además del movimiento político de Yehude
Simón, ex diputado, ex congresista, ex presidente regional de La Libertad y ex
presidente del Consejo de Ministros, supuestamente involucrado en el “escándalo
Odebrecht”, la trama de corrupción de la empresa constructora brasileña en el
Perú entre 2005 y 2014.
Más por
Cerrón que Simón, Mendoza perdió importantes colaboradores políticos como los
ex congresistas Horacio Zeballos, Richard Arce, Marisa Glave y Tania Pariona
más la congresista Indira Huilca. La alianza lo valía todo. Cualquier crítica
era un “ataque” a la unidad izquierdista. Así decían los voceros “mendocistas”.
Al final, un inconveniente burocrático en el Jurado Nacional de Elecciones
impidió la inscripción. La alianza naufragó por un asunto de papeles. Mendoza
se “uniría” a Simón y Cerrón iría por su lado.
Ya la “unidad”
es un fetiche. Tuvo razón en las décadas de 1970 y 1980, cuando existía la “tesis
de los tres tercios” del electorado: un tercio “rojo” y “rojimio”, un tercio
del APRA y un tercio de Acción Popular y el Partido Popular Cristiano. Ir divididos
era absurdo, porque partían el tercio. Hoy los “tres tercios” son historia. El
electorado “rojo” y “rojimio” está atomizado. La suma de los átomos no equivale
a una molécula.
El
fujimorismo también parte perdedor. Doña Keiko F., ex congresista, lideresa del
fujimorismo y bajo prisión preventiva por el “escándalo Odebrecht”, era su
mejor carta. Hubiera nucleado el disperso voto fujimorista y hubiesen aspirado
los fujimoristas a una bancada razonable, pese al vergonzoso pasado reciente.
No obstante, Doña Keiko declinó encabezar la lista por Lima. En su reemplazo
iría la ex congresista Martha Chávez.
Doña Keiko dejó
de ser lideresa opositora. Por su inmadurez, sus berrinches y sus vilezas, ella
es la principal culpable que ese “aventurero” esté en la Presidencia de la
República mediante la sucesión constitucional de 2018 y todo lo sucedido
después. Era su oportunidad de enmienda y la ha rechazado. La Historia la
juzgará.
Nota aparte: el ex viceministro de Industria y PYMES, Julio
Guzmán, tan oportunista como Verónika Mendoza, y su movimiento competirán para
ganar y quizá ganen varios escaños, pero pueden perder. ¿Cómo?. Si admiten en
las listas electorales al ex congresista Alberto de Belaunde y al congresista
Gino Costa, dos “topos gobierneros”. Si Guzmán comete ese error, el “aventurero”
terminará “cargándoselo”.

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