Volvió a pasar: otro congresista del Partido
Nacionalista abandonó la bancada parlamentaria que integró cuando fue electo al
Congreso.
Anteriormente, otros congresistas nacionalistas desertaron
para pasarse a otra bancada o, mejor, formar una nueva bancada, desconectada
del electorado. Estos legisladores dicen que se marchan por culpa de la corrupción,
la política económica, la “traición” del Presidente de la República al plan de
“La Gran Transformación” de 2011 (¡ese disco rayado!), pero son excusas.
Durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) fueron otras las excusas,
pero era el mismo desbande. Especialmente, faltando menos de un año para las
elecciones generales.
Este espectáculo es vergonzoso, pero a los políticos “tránsfugas”
parece no importarles el desagrado que producen en la sociedad. En la década de
1980, cuando el sistema estaba hegemonizado por el APRA, el Partido Popular
Cristiano, Acción Popular y la Izquierda Unida (“La partidocracia”), senadores
o diputados que abandonaban la bancada durante el mandato parlamentario debían
incorporarse a cualquiera de esos grupos o quedaban marginados. Hoy los
partidos políticos son incapaces de retener un congresista y débiles para
marginarlo si deserta.
Actualmente, el congresista actúa como individualidad.
Cree que deberse sólo a sus electores, no al partido político que permitió su
postulación. Por eso quieren que el partido se adapte a ellos y no al revés. Un
absurdo que, sin embargo, está implícito en la legislación electoral por el
“voto preferencial” o la facultad del electorado para elegir entre los
candidatos de una misma lista parlamentaria, además de elegir entre distintas
listas.
El “voto preferencial” fue una importación por la “dicta-blanda”
del general Francisco Morales Bermúdez para las elecciones a la Asamblea
Constituyente en 1978 desde los lejanos ¡Papúa Nueva Guinea! y Australia, pero
inexistente en América Latina hasta 2006 cuando lo adoptó Colombia. Por este
método, el legislador siente que no se debe al partido político sino al
electorado y si abandona ese partido, el electorado todavía le seguirá.
¿Qué ocurre con la “defensa de los principios” que
tanto invocan los congresistas que abandonan la bancada inicial?. ¡Puro cuento!.
Aquí sólo hay “defensa de privilegios”. En 1947 senadores que inicialmente
apoyaron al gobierno de José Luis Bustamante y Rivero y después no, jamás
pensaron “abandonar la bancada” sino prefirieron una acción política que
manifestara el rechazo por las (malas) decisiones y el rumbo del país.
Decidieron ausentarse impidiendo la instalación del Senado y, consecuentemente,
la Cámara de Diputados tampoco se instaló. La “huelga parlamentaria”
desembocaría en el golpe de estado de 1948, pero nadie reprochó a esos
senadores no haber sido consecuente con sus “principios”.
La reforma electoral debe lograr que los
parlamentarios permanezcan como colectividad en el partido político y no sean como
individualidades que puedan saltar de una tienda a otra. De lo contrario, seguiremos
viendo más casos de “transfuguismo”.

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