El domingo 19 ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 visitó Arequipa.
En concreto, el hospital Honorio Delgado, perteneciente al Ministerio de Salud. Aparte del Estado de Emergencia y el toque de queda, vigentes en todo el país desde la quincena de marzo para contener la pandemia viral COVID-19 en el Perú, en Arequipa y otros departamentos continúa el “aislamiento obligatorio” o confinamiento. Estricto en domingos.
El “aventurero” fue a inaugurar un área de camas para pacientes de la pandemia. Curiosamente, cada vez que visita algún nosocomio del país a inaugurar ambientes de hospitales o un pequeño hospital de campaña, fotógrafos y camarógrafos siempre enfocan camas vacías, sin sabanas. No hay balones de oxígeno ni máquinas de monitoreo. Al salir, iba a recibir un pequeño “agasajo” del personal administrativo, pero un contingente de médicos y enfermeras con pancartas lo interceptaron al bajar del automóvil oficial. Entre las consignas de protesta se oían “¡Basta de mentiras!, ¡basta de engaños!”, “¡La gente se muere!”. Además, se oían consignas contra el “aventurero” diciéndole “incapaz” o “corrupto”. También se oyó alguna que otra consigna contra Elmer Cáceres Llica, el bufonesco presidente regional.
El “aventurero” no esperaba esta recepción. Con custodia de la Policía Nacional, asustado subió otra vez al vehículo oficial y se marchó raudamente. Las imágenes fueron captadas gracias a las cámaras de video de los teléfonos celulares. Así pudimos ver a una mujer corriendo desesperada tras la comitiva presidencial en marcha, sin alcanzarla. Ella tenía a su marido hospitalizado por el virus, recibiendo “puchos” de oxígeno medicinal. Gritaba por qué el “aventurero” era “malo e inhumano”. También denunció que los pacientes hacinados fueron traslados a una carpa, porque venía el “aventurero” con fotógrafos y camarógrafos y ellos no podían ver enfermos.
La noticia rebotó. Todos los medios de comunicación la informaron, pero con matices. Para no ir contra el Gobierno nacional, algunos periodistas insinuaron que era una protesta contra Cáceres Llica (hasta dónde sé, no estaba allí) y empezaron a despotricar de él. Creo a estas alturas nadie en Arequipa espera algo del presidente regional (relevado hace rato por el comando regional COVID-19, a cargo de un militar), pero, al menos, Cáceres Llica fue elegido en comicios, mientras al “aventurero” nadie lo ha votado.
Sorprende la fragilidad del “ídolo con pies de barro”. Sin “sus” medios de comunicación, su propaganda política ni “sus” encuestadoras, al “aventurero” sólo le quedan sus mentiras y felonías. No es un caudillo, no mueve masas. Si, además, nadie le cree ni confía en él, corre como el cobarde que es. Evoco la gansada del “presidente hecho para las crisis” que dijo la politóloga María Alejandra Campos hace cuatro meses y me sonrojo. Si el “aventurero” perdiera el poder (o el poder lo perdiera a él), abordaría un avión con su familia y se iría a algún país lejano.
Imagino que, una vez en Lima y dentro del Palacio de Gobierno, el “aventurero” montó en cólera, maldijo a los arequipeños y juró desquitarse. Pues, que se vaya acostumbrando. Arequipa es el comienzo. Pronto pifias y abucheos en su contra se multiplicarán en otros lugares del país, a medida que las muertes por la pandemia y el descalabro económico se acentúen.
A esos
pocos personajes sensatos y honestos de la opinión pública, quienes aún apoyan
al Gobierno, les dijo: el “aventurero” es traicionero (que lo digan sus últimos
ex ministros, quienes no sabían que los iban a echar hasta el último día) y
cobarde. ¿Se inmolarán por él?.
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