Ya me fastidia (quizá
a otras muchas personas también) el “relato gobiernero” que casi todos los
medios de comunicación y casi toda la opinión pública repiten incesantemente.
Según
el relato, el Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de
la República mediante la sucesión constitucional de 2018 actuó “rápido”,
“decidido”, “firme” y un montón más de loas, porque decretó el Estado de
Emergencia (con fuerte restricción a la libertad de tránsito), el toque de
queda, el cierre de las fronteras, la cancelación de vuelos comerciales y el
“aislamiento obligatorio” de la población para enfrentar la pandemia viral
COVID-19. Entonces, al estilo de China, el “aventurero” habría “salvado” al
Perú paralizando casi toda la economía y desplegando al Ejército y la Policía
Nacional para detener a todo quien se resista (no sabemos si está contagiado o
no), porque pone en peligro la salud pública.
Este
relato tiene una lógica: la estrategia más efectiva de combatir la pandemia no
consiste en la detección temprana y masiva de posibles contagiados por el virus
(como en Japón, Corea del Sur, Taiwán o Singapur) o el aislamiento de adultos
mayores y pacientes con enfermedades crónicas (los más vulnerables a la
pandemia) sino que el Gobierno nos obligue a permanecer en nuestras casas, con
amenazas de detención y denuncias penales, hasta que el virus desaparezca
solito. Si alguien critica al Gobierno y su “cuarentena” (la sola palabra es un
anacronismo) por las restricciones a la libertad personal, las consecuencias
económicas o la ineficacia, recibe ataques desde las redes sociales Facebook
y Twitter, menosprecio de periodistas, intelectuales y artistas o
indirectas de boca del “aventurero” en sus tediosas conferencias de prensa
diarias.
El
relato es funcional al Gobierno: ante la gente atemorizada por el contagio a la
pandemia, el “aventurero” aparece contundente restringiendo más (y más) nuestra
libertad personal. Si el número de contagiados, muertos y hospitalizados por el
virus continúa aumentando, es culpa de quienes se resisten a cumplir el
“aislamiento obligatorio”, no del Gobierno que no se preparó para enfrentar la
pandemia (un mensaje en Twitter del ex congresista Juan Sheput lo
alertaba el 02 de febrero) y sigue sin tomar las medidas adecuadas: sólo
responde con mayor “cuarentena”. El hashtag #YoMeQuedoEnCasa (no es
igual a #Quédateencasa) lo sintetiza todo y ahí tenemos a quienes, con ingresos fijos y la refrigeradora llena de
comida, intentan convencernos que todos nosotros somos los culpables que aún no
derrotemos al virus, porque debemos privilegiar la salud sobre la economía y
cumplir estrictamente el “aislamiento” (incluso con recreación) para volver lo
antes posible a nuestras vidas felices de antes.
Este
“relato gobiernero” es charlatán, irresponsable e insultante. Aunque hay
quienes violan el Estado de Emergencia y el toque de queda sin necesidad, pero
otros lo hacen, porque necesitan ganar el dinero de cada día o morirán de
hambre. No integran la minoría que se beneficiaría de la “lluvia de millones” anunciada
por el Gobierno. La mentalidad elitista del
#YoMeQuedoEnCasa parece haber olvidado que el Perú es un país con
(todavía) millones de pobres y pobres extremos en las ciudades y el campo y una
clase media “emergente”, no muy consolidada que podría regresar a la pobreza. Ni
mencionar a muchos inmigrantes venezolanos, que Dios sabe cómo sobreviven hoy.
Quienes defienden el relato parecen pedir a ellos un sacrificio de vida frugal,
casi suicida, mientras no formulan ninguna crítica o exigencia al “aventurero” y
su Gobierno y sólo nos llaman a obedecerles ciegamente. ¿Somos culpables por el
escandaloso aislamiento de mil personas en el Hospital María Auxiliadora en San
Juan de Miraflores, Lima, supuestamente contagiados por la pandemia?.
¡Basta
de relatos propagandísticos!. Queremos que el “aventurero” y su Gobierno dejen las
mentiras y comiencen a enfrentar seriamente el virus, porque nosotros no somos
culpables de nada ni callaremos si vemos al Perú precipitarse hacía el abismo.
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