A un año de Odebrecht ("ESPECIAL")

Hace un año estalló el “escándalo Odebrecht” con la revelación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Es la trama de corrupción en América Latina (Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú y Venezuela) y África (Angola y Mozambique) relacionada con la poderosa empresa constructora brasileña Odebrecht. En el Perú, entre 2005 y 2014, Odebrecht habría pago alrededor de 29 millones de dólares en sobornos para beneficiarse con obras de infraestructura bajo los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala. Otras constructoras brasileñas, OAS, Andrade Gutiérrez y Camargo Correa también pagaron sobornos. Todas están dentro de la investigación “Lava Jato”.

Salvo la izquierda radical y el fujimorismo, el decreto de urgencia 003 del Presidente de la República y su Gobierno a inicios de este año fue aplaudido. Establecía que las empresas sentenciadas por pagar sobornos o que hayan admitido entregar sobornos a fin de beneficiarse con contratos no puedan realizar transferencias al exterior. Incluía venta de activos, acciones, utilidades o dividendos, reducción de capital o liquidación parcial o total. La suspensión era hasta el pago íntegro de la reparación civil, dinero que iría a un fideicomiso. La venta requería autorización previa del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. También afectaba a compañías consorciadas o socias con participación no menor a 10% en proyectos conjuntos.

La mayoría absoluta fujimorista en el Congreso modificó el decreto rebajando la valla del 10% al 5%, por lo cual quedarían incluidas las constructoras peruanas consorciadas o socias. La presión mediática (¡ay, los periodistas!) consiguió la modificación, cuya consecuencia sería la inhibición de la inversión privada en infraestructura. El Poder Ejecutivo podría observar la modificación. Además, dos procuradoras públicas (abogadas vanidosas con alma pleitista), que salieron de sus cargos “victimizándose”, querían bloquear innecesariamente con orden judicial la venta de activos de Odebrecht en varios proyectos de inversión, afectando las actividades económicas conexas, mientras decían a la platea que luchaban contra la corrupción.

También ha habido detenciones de supuestos implicados por los casos IIRSA Sur, Gaseoducto Sur Peruano y obra civil de la Línea 1 del Metro de Lima. Todos aún sin acusación fiscal, por cierto. El Ministerio Público ha pedido y sigue pidiendo al Poder Judicial prórroga en los plazos de investigación, pero tiene en contra el tiempo por exceso de carcelería.

Sin embargo, al margen del show barato en la “Comisión Lava Jato” del Congreso (aún no sé qué está investigando), la ciudadanía parece percibir que poco se ha avanzado respecto al “escándalo Odebrecht”, porque no ha habido una “estrategia”. No estrategia de “lucha contra la corrupción” sino de “investigación y sanción por la corrupción de Odebrecht y las demás constructoras brasileñas”.

¿Cómo debe ser la “estrategia”?. Conocer la verdad (en cuáles casos hubo corrupción y en cuáles no, cómo ocurrió la corrupción y cuáles delitos se cometieron, cuánto dinero “corrió”) e identificar a quienes participaron (“testaferros”) para ofrecerles menor pena de cárcel o mayor facilidad para pagar la reparación civil (es importante la “colaboración eficaz”), a cambio que cuenten todo y colaboren en la captura de los “peces gordos”: quienes desempeñaron la función pública más alta y tomaron las decisiones políticas en la trama.

Falta más por ver, oír o leer respecto al “escándalo Odebrecht”.

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