El economista Alejandro Toledo, ex presidente de la
República, vive su hora más difícil.
El Ministerio Público pidió 18 meses de prisión
preventiva para Toledo y el Poder Judicial la dictó. El Gobierno nacional ha
solicitado a la INTERPOL (policía criminal con sede en Francia) búsqueda y
captura del ex mandatario en ciento noventa países. Toledo estaría en los Estados
Unidos y se sospecha podría “refugiarse” en Israel.
A Toledo se lo investiga por su relación con el escándalo
internacional de corrupción Odebrecht y el pago de sobornos en el Perú por
alrededor de 29 millones de dólares. El fiscal Hamilton Castro y el juez
Richard Concepción creen que el ex mandatario recibió dinero de la empresa
constructora brasileña Odebrecht, a través de su amigo financista Joseph
Maiman, y que fue “lavado” por la empresa offshore
ECOTEVA, constituida en Costa Rica, caso judicial por el cual ya se procesa
penalmente a Toledo desde 2014.
Aunque era conocido en algunos círculos
profesionales (“Los 7 samurái”), Toledo saltó a la palestra política durante el
año 2000 cuando la dictadura de Alberto Fujimori intentó perpetuarse mediante
elecciones fraudulentas. Eran tiempos de creciente arbitrariedad, represión
selectiva, auto-censura, protestas constantes y mucho descontento. El accionar
político del economista fue importante (la “Marcha de los 4 Suyos”), pero no
único ni decisivo para el final de la dictadura, la instalación del gobierno de
Valentín Paniagua y la convocatoria a elecciones generales. El prestigio por
haber contribuido a la caída de Fujimori le generó aplausos y votos suficientes
para ganar los comicios presidenciales en 2001.
El gobierno de Alejandro Toledo fue acertado y
errático a la vez. Mantuvo el modelo económico heredado de la década de 1990,
pero la reactivación de la economía era lenta y el despegue fue partir de 2005.
Enfrentó episodios convulsos (“Arequipazo” en 2002, “Andahuaylazo” en 2005), la
“atomización” de la bancada oficialista en el Congreso y no pocos escándalos de
corrupción. Fueron años de iniciativas fallidas (reforma política, reforma
judicial, reforma militar, reforma policial, referéndum regional de 2005), una
relación “amor-odio” con el APRA y el Partido Popular Cristiano y una
apabullante impopularidad presidencial.
Llegado al poder, Toledo fue muy frívolo: ceremonia
a la “Mama Pacha” en Machu Picchu, sueldo de 18 mil dólares, viajes turísticos
en el avión presidencial, lujos dentro del Palacio de Gobierno, favoritismo a áulicos.
El caso Zaraí (la supuesta hija extra-matrimonial no reconocida) y la “antipática”
esposa belga Eliane Karp no ayudaron en nada. Tras dejar el poder en 2006, el
ex mandatario daba la vuelta al mundo como ilustre conferencista. Intentaría
dos veces volver al poder, pero la misma soberbia que le alejó amigos y aliados
no le permitió entender que el Perú ya no es el mismo país que lo votó
mayoritariamente en 2001.
Personalmente, la teoría delictiva en la
investigación fiscal será rechazada en el proceso penal, pero la carrera
política de Toledo sí ha finalizado.

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