Nunca en nuestra historia el devenir político ha
estado influido por dos hermanos: los hijos del ex dictador Alberto Fujimori.
Doña Keiko, la hija mayor, ex congresista, dos veces
candidata presidencial y lideresa del fujimorismo. Kenji, el hijo menor, actual
congresista y siempre elegido con alta votación. El súbito final del gobierno
de Pedro Pablo Kuczynski fue la repercusión de esta lucha fratricida.
Kenji venía ganando: impidió que Kuczynski fuera
destituido por el Congreso, consiguió la excarcelación de su padre (preso por
corrupción, violación a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad),
acabó con la mayoría absoluta fujimorista en la Cámara adicta a su hermana,
juntó una bancada y acrecentó su proyección política.
Doña Keiko estaba perdiendo: su bancada no pudo
“cortar la cabeza” al Fiscal de la Nación ni a varios magistrados del Tribunal
Constitucional, Kenji desgranaba lentamente para sí la bancada de su hermana y
ella estaba cada vez más manchada por el “escándalo Odebrecht” (la corrupción
de la empresa constructora brasileña entre 2005 y 2014), a raíz de dinero
aportado a su campaña para las elecciones generales de 2011.
Sin embargo, Doña Keiko y su cogollo congresal
“Moto-taxi” fraguaban el contragolpe. El instrumento: Moisés Mamani, oscuro
congresista fujimorista. Sin que sus interlocutores lo supiesen, Mamani grabó
en video y audio conversaciones entre él con los congresistas Bienvenido
Ramírez y Guillermo Bocangel, cercanos a Kenji. Ramírez y Bocangel hacían
alarde ante Mamani para invitarlo a unírseles sobre la cercanía con el gobierno
de Kuczynski tras el intento de destitución presidencial y los “beneficios”
obtenidos. Principalmente, la “gestión” de obras públicas: una vieja práctica
política, pero que puede entrar en la tipificación delictiva de “tráfico de
influencias”. Incluso en una de las grabaciones aparecía Kenji, pero no
hablaba. Ramírez y Bocangel creyeron que estaban ante un posible desertor, no
ante un infiltrado. Estas grabaciones fueron presentadas en conferencia de
prensa por los congresistas fieles a Doña Keiko un día antes de la votación en
la Cámara para el segundo intento de destitución. Este escándalo sobre supuesta
"compra de congresistas" desencadenó la renuncia de Kuczynski.
La situación de Kenji es complicada (Ramírez,
Bocangel y otros señalados son tema aparte): podría ser destituido como
congresista, ser inhabilitado para la función pública hasta por diez años y
enfrentar la cárcel.
¿Kenji está derrotado?. No ha negado el supuesto
“tráfico de influencias”, pero ha denunciado que el fujimorismo hace lo mismo
con la Comisión de Presupuesto y Cuenta General de la República en el Congreso
y también ha amenazado veladamente a su hermana con revelar ante los fiscales
todo lo que sabe sobre el “escándalo Odebrecht” y la investigación por “lavado
de activos” contra el ex congresista Joaquín Ramírez, quien fue secretario
general fujimorista muy cercano a Doña Keiko.
¿En qué terminará esta lucha?. Lo ignoro, pero sí
puedo asegurar que no beneficia en nada al Perú.

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