Atribuyo esta frase al comediante argentino Pablo Molinari: “Argentina, no la entenderías”.
En las elecciones generales celebradas en Argentina el último domingo, Sergio Massa, candidato presidencial justicialista (peronista) y ministro de Economía (aunque usted no lo crea), contra todo presagio, logró alrededor de 36% de votos válidos. En segundo lugar, quedó Javier Milei, diputado y excéntrico economista liberal de tendencia anarco-capitalista, con alrededor de 30%, a quien muchas encuestas de intención de voto colocaron liderando las preferencias e, incluso, no descartaban su victoria en primera vuelta. Más rezagada quedó Patricia Bullrich, ex diputada y ex ministra del Interior, liderando una coalición opositora social-liberal al justicialismo oficialista, con alrededor de 23%. En menos de un mes se celebrará la segunda vuelta electoral. Ganará el balotaje quien obtenga el mayor porcentaje de votos.
Hoy Argentina vive una dramática situación económica: la inflación mensual alcanzó los dos dígitos, la distorsión del mercado por numerosos controles de precios ocasiona eventuales desabastecimientos de productos, el control cambiario es tan opresivo que ha creado dos "mercados negros" de dólares, el costo de vida se ha disparado en el último año y la generación de empleo es bajísima. A su vez, la delincuencia común y el crimen organizado aumentan. Si Massa, un político muy inescrupuloso, incrementó su caudal de votos, fue por haber recurrido al más grosero e inmoral ventajismo electoral y apelar a la maquinaria clientelar de los justicialistas, maestros en ganar comicios. Pese al anticuado sistema político argentino, nadie cuestiona la pureza del sufragio en elecciones desde 1983.
Milei y su equipo de campaña electoral cometieron demasiados errores en las dos semanas previas a los comicios. Creo él todavía puede ganar, porque Massa y el justicialismo oficialista suscitan tanto rechazo popular que es posible canalizarlo si Milei consigue convertirse en un político más pragmático y menos dogmático y mostrar a quienes no votaron a Massa, pero tampoco le votaron que él no es un “peligro”, no es un “salto al vacío” ni está “loco”. Veremos si lo consigue. Asemejo un poco este contexto a las elecciones generales peruanas de 1990.
En Perú los sectores “de derecha” han estado pendientes de las elecciones argentinas. Desconocía que la congresista Patricia Chirinos había viajado a Buenos Aires para estar en la sede de campaña de Milei. Cuando se conocieron los primeros resultados (en Argentina no existe un ente comicial autónomo), las cuentas de políticos, intelectuales, periodistas o activistas “de derecha” peruanos en redes sociales gritaron “fraude”. Otros, como el abogado Aldo Mariátegui, utilizaron sus columnas de opinión para vomitar sus odios y sus resentimientos contra el electorado argentino o pretender juzgar la realidad argentina como si fuese la realidad peruana. Suscribo las palabras del periodista argentino Marcelo Longobardi: Argentina es un país “anacrónico”.
Quien escribe no comprende por qué los sectores “de derecha” en Perú creen asemejarse a Milei. En Argentina, Milei es un reformista. Busca cambiar su país revirtiendo la lacerante decadencia de más de ochenta años. Tiene ideas, tiene propuestas. Imagina un futuro mejor. En Perú, dentro de los sectores “de derecha” escasean los reformistas y abundan los defensores del status quo. A ellos no les interesa cambiar el país sino satisfacer intereses. No tienen ideas, no tienen propuestas. No conocen ni entienden el país. Son incapaces de imaginar un futuro mejor.
Finalizo
con las palabras del político chileno Gabriel Alemparte: “No existe un Milei
aquí. Milei es sólo de
Argentina”.
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