Esos sectores “de derecha”

 

En los sectores “de derecha” más de un individuo está “orinándose de miedo”. Así de fuerte.

Personajes como el abogado Aldo Mariátegui o el ex director del diario Expreso, Luis García Miró, están convencidos que el “hombre sin sombrero” ocupando la Presidencia de la República, junto al ex mayor del Ejército, Antauro Humala (preso diecisiete años por la asonada de Andahuaylas en 2005), montará la dictadura. No importa que sea un sujeto impopular y mayoritaria y abrumadoramente repudiado. No importa que no sea un caudillo político ni cuente con la fuerza política necesaria para el desmontaje institucional que centralice el poder e inicie la dictadura. Tampoco importa que su Gobierno sea irremediablemente incompetente, corrupto e ideologizado, conformado por una manga de gandules y sinvergüenzas, más parecida a una pandilla de “fruteros” en un mercadillo que a una cuadrilla de pistoleros revolucionarios.

Según “Alditus”, “Antaurito”, sólo por haber vestido uniforme (ni siquiera por vocación, porque en vida la madre de aquél contó cómo ella y su esposo lo metieron a la Escuela Militar de Chorrillos por “revoltoso”), es capaz de cumplir su fanfarronada amenazante (¿él mismo parroquiano que alardeaba de haber “arrasado” con las prostitutas de la avenida Arequipa en Lima?) de “controlar” a las Fuerzas Armadas para el “hombre sin sombrero”, como si los militares fuesen “inocentes palomitas” que se dejarían. Mariátegui, quien se precia de ser culto, no recuerda a Charles Maurice de Talleyrand, el aristócrata consejero del emperador francés Napoleón Bonaparte a inicios del siglo XIX, cuando dijo a éste “Sire, las bayonetas sirven para todo, excepto para sentarse sobre ellas”.

En cuanto a García Miró, está asustado, porque el “hombre sin sombrero” dijo en Piura que quiere un Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas “político” (éste puede querer también que el día tenga 25 horas para sus latrocinios) y ya habla que el país está en camino a la “cubanización”. No “venezolanización” sino “cubanización”. Dudo que García Miró haya leído los libros del periodista cubano Carlos Alberto Montaner o el historiador cubano Marco Antonio Ramos para tener alguna idea siquiera de qué sucedió realmente en Cuba entre 1959 y 1961. Esa ignorancia paranoica es ofensiva hacia la memoria de quienes en Cuba languidecieron en cárceles o murieron ante los pelotones de fusilamiento o quienes hoy languidecen en las cárceles de Venezuela.

Sin contar excepciones, en los sectores “de derecha” abundan personajes como Mariátegui o García Miró. No abanderan principios ni convicciones sino intereses o animadversiones. No son socialcristianos, liberales o conservadores. No son “demócratas”, por más que se llenen la boca hablando del “bloque democrático” o el “peligro comunista”. No tendrían escrúpulos en apoyar (como lo hicieron el 05 de abril de 1992) una dictadura, pero de signo ideológico afín.

Espero que el inevitable final del ciclo político iniciado el 22 de noviembre del año 2000, en proceso, también implique el final de esos sectores “de derecha”.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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