Pedro Olaechea, el inesperado ("ESPECIAL")


Algo de interés ha causado la petición del Presidente del Congreso al Presidente de la República a que fije fecha, lugar y hora de un “diálogo” para solucionar la crisis política actual.

El titular del Poder Legislativo es el empresario Pedro Olaechea, un hombre con ancestros vinculados a la política y la administración pública. Su bisabuelo paterno fue el abogado Manuel Pablo Olaechea. Alcalde de Lima en 1895, senador hasta 1913, Presidente del Senado en 1896. Entre 1896 y 1897 fue presidente del Consejo de Ministros y ministro de Justicia e Instrucción bajo Nicolás de Piérola. El abuelo paterno fue el abogado y catedrático universitario Manuel Augusto Olaechea, quien fue Ministro de Hacienda y Comercio bajo la Junta Militar de Gobierno entre 1930 y 1931, además de Presidente del Banco Central de Reserva entre 1931 y 1934. Asimismo, la abuela materna fue Anita Fernandini, alcaldesa de Lima en 1963.

Nacido en 1954, Pedro Olaechea es egresado de Economía en la Pontificia Universidad Católica del Perú, con una maestría en Administración de Negocios en Gran Bretaña. Siempre vinculado al empresariado, presidió la Sociedad Nacional de Industrias entre 2009 y 2012. Liberal en materia económica, es -muy- conservador en temas valóricos. Políticamente, defiende la democracia restaurada en 2001 y la Constitución de 1993. En 2016, instalado el gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, Olaechea se convirtió en congresista oficialista. Al año siguiente, Kuczysnki le encargó el Ministerio de la Producción, que desempeñó hasta inicios de 2018 cuando renunció. A mediados del año pasado, renunció a la bancada oficialista. Tiene relaciones demasiado cordiales con el fujimorismo, artífice de la renuncia de Kuczysnki. Con apoyo fujimorista más los disidentes del fujimorismo y el oficialismo, ganó la presidencia de la Cámara.

Olaechea es un producto de la sucesión constitucional de 2018. Si Kucyznski no hubiese caído, el fujimorismo no hubiese jugado a la “mayoría saboteadora” ni las bancadas parlamentarias hubiesen “implosionado” creando disidencias que electoralmente no representan a nadie, Olaechea nunca hubiera presidido el Congreso. Sin embargo, su posición firme frente al Poder Ejecutivo no se veía desde 2004 con Antero Flores-Aráoz durante el gobierno de Alejandro Toledo.

Cuando Su Excelencia anunció histriónico en su mensaje de Fiestas Patrias en el Palacio Legislativo que entregaba su (tramposa) propuesta de reforma constitucional para adelantar un año las elecciones generales de 2021, Olaechea convocó a rueda de prensa media hora después diciendo que no había nada y no se pronunciaría hasta no tener el texto. Cuando los dos proyectos de reforma constitucional fueron presentados “exigiendo” sean tramitados urgentemente, Olaechea reiteró que tendrían mismo trámite que cualquier iniciativa enviada por el Gobierno nacional. Recientemente, reiteró al Presidente de la República su pedido de “diálogo” en la Basílica de San Francisco en Lima para alcanzar una “paz política” hasta 2021 y le invocó (el Perú de hoy necesita que le hablen clara y sensatamente) “no tener miedo a gobernar”.

Aunque cierta opinión pública tiene la esperanza que un “diálogo” consiga -mínimo- que el Gobierno nacional restablezca el orden y la autoridad en el Sur del país, lo dudo muchísimo. Su Excelencia es un rehén del discurso maximalista, empujado por una “argolla progre” mentirosa y mezquina con influencia en medios de comunicación, “tonta útil” de la izquierda radical, que parece decidida a usar a este “aventurero” para destruir no sólo el fujimorismo sino toda opción política de derecha. Eso incluye a Olaechea.

Al final, veremos qué rol desempeñará Pedro Olaechea.


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