El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, ha “inaugurado” (creo es la tercera vez) su proyecto Vía Expresa Sur.
Según vista de algunos reporteros e imágenes captadas desde drones por vecinos de la zona, la Vía Expresa Sur no es más que una gigantesca pampa con dos carriles de asfalto inconclusos para una vía que, supuestamente, conectará Barranco y Surco con Villa María del Triunfo y Villa El Salvador. No hay aún semáforos ni señalizaciones. Tampoco hay jardines, arboles u ornato alguno. Ni siquiera montículos de desmonte han sido retirados. Aparentemente, se construirán estaciones de pasajeros para la circulación de buses del sistema Metropolitano, pero hasta la fecha todo está en la imaginación de López Aliaga y sus funcionarios de la Empresa Municipal de Apoyo a Proyectos Estratégicos (EMAPE), parece.
En su discurso, donde deliró con los “tribunales militares” para combatir la criminalidad organizada (¿es nostalgia por la dictadura de Alberto Fujimori?) y pidió que alguien “mate” al periodista Gustavo Gorriti (¡cuidado con incitar a la violencia, porque puede volvérsele en contra!), López Aliaga mencionó algo que me llamó la atención: insinuó que, si él ha “terminado” esta obra tan rápido, ha sido por el “fast-track”. ¿Qué es eso?.
“Fast-track” son dos vocablos en inglés que significan “vía rápida” o “forma rápida”. En ingeniería civil e industrial, el “fast-track” es una metodología de gestión que permite ejecutar un proyecto de construcción, aunque el diseño no esté completo. Así se procede con las partes ya diseñadas mientras se concluyen otros detalles, minimizando el tiempo total de ejecución. En contraste, la metodología tradicional requiere del diseño previo para el inicio de la obra.
Ahora entiendo por qué la EMAPE bajo López Aliaga ha podido construir -algo, al menos- la Vía Expresa Sur. El “fast-track” es ventajoso en la eficiencia de costos, porque los plazos de tiempo más reducidos permiten disminuir gastos operativos y pagos por mano de obra. También hay flexibilidad, porque permite actuar frente a imprevistos o cambios. Sin embargo, López Aliaga no dice que el “fast-track” requiere cumplir tres condiciones fundamentales: sí debes tener un expediente técnico, con un diseño inicial o un “pre-diseño” para, mínimo, tener una idea básica de qué se construirá. También hace falta una comunicación fluida y constante, casi una sincronización, entre los equipos de diseño y construcción. Por último, se necesita profesionales experimentados, quienes deben tener gran capacidad de toma de decisiones y resolución de problemas. De lo contrario, al superponer fases en el “fast-track”, los errores de diseño o falta de éste provocan correcciones costosas, retrasos o deficiencias.
Ahora entiendo por qué López Aliaga es capaz de “inaugurar” y “reinaugurar” un proyecto vial, que nunca se supo realmente cómo sería, cuánto costaría o cuánto tiempo tardaría: la única Vía Expresa en el mundo que no será “expresa”, que no está terminada, que conduce no se sabe bien hacia dónde, que no sabemos cuánto ha costado realmente (predigo que esas pistas estarán deterioradas en menos de seis meses), que ignoramos cómo sería cuando esté finalizada, pero que serviría para que su promotor, próximo candidato presidencial -y senatorial- para las elecciones generales del siguiente año, puede obtener algunos votos.
De verdad,
López Aliaga, en vez de satisfacer tus apetitos vengativos (como pedir que
echen a la procuradora ad hoc Silvana
Carrión), preocúpate por tu futuro rival electoral, el comunicador social
Phillip Butters, quien en entrevista de podcast
a la revista Caretas con el
periodista Enrique Chávez, no te dejó bien parado.
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