¿Cuidado con los venezolanos?


Una noticia se difundió por las redes sociales Facebook y Twitter: una banda de venezolanos y colombianos estaba secuestrando niños en Lima y Callao.

La noticia parecía corroborarse por la captura de secuestrador y violador de niños en Ventanilla, Callao, aunque no mencionaban que el detenido es peruano. Ante el temor que el rumor pasara a mayores (en 2016 dos encuestadores de una ONG casi fueron “linchados” por turbas de vecinos en la Comunidad Autogestionaria de Huaycán, Lima, confundidos con “secuestradores de niños”, por culpa de las redes sociales), inmediatamente, la Policía Nacional y la Municipalidad Distrital de Ventanilla desmintieron los rumores.

Todos los días titulares de diarios amarillistas y telenoticieros difunden noticias sobre venezolanos que golpearon, robaron, secuestraron o mataron. Los medios de comunicación no tienen trasfondo xenofóbico, pero sí afán sensacionalista. La abogada Rosa María Palacios decía que las fuentes de información para esas noticias salen del Ministerio del Interior. El Presidente de la República es un “canalla”, que ha apelado a la xenofobia cuando le convino políticamente. Que el Gobierno de este “aventurero” lo hiciera, no me sorprende.

Óscar Pérez, ex diputado venezolano, asilado en el Perú hace diez años, ha aparecido en televisión y radio reconociendo que hay criminales venezolanos y pidiéndonos “perdón”, porque “justos pagan por pecadores”. Cierto. Sin embargo, Pérez esbozó una hipótesis discutible: la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela ha “infiltrado” de criminales la diáspora venezolana en el Perú para “perjudicarla”. Me resulta poco convincente.

Todos sabemos sobre Venezuela: hiperinflación, escasez y desabastecimiento de alimentos y medicinas, colapso de servicios públicos, pauperización, etc. No obstante, pocos son conscientes que Venezuela es uno de los países más peligrosos del planeta: las bandas de criminales tienen armamento de guerra y todo tipo de armas de fuego de uso civil (proporcionada por la “Revolución Bolivariana” desde la época de Hugo Chávez) para cometer asesinatos, secuestros, asaltos, etc. Llena de odio y resentimiento (alimentada por la política y la ideología), la criminalidad venezolana es tan salvaje y bestial, como no conoce América Latina, excepto México. La impunidad es casi total. Los criminales venezolanos, por desgracia, también encarnan la sociedad venezolana anómica y decadente, que demorará mucho tiempo en recuperarse.  

A medida que Venezuela se aproxime a la ruina completa, hasta los criminales pensarán emigrar. Saben que pueden confundirse entre el éxodo que huye por las fronteras con Colombia y Brasil hacia Ecuador, Perú, Chile o Argentina. Con sus conocimientos y sus experiencias, pueden rápidamente constituir nuevas bandas criminales o liderar bandas criminales locales. Esos países les abren un universo de oportunidades.  

No interesa si una banda criminal en el Perú es peruana, venezolana o peruano-venezolana: todas deben ser capturadas y sus integrantes procesados, juzgados y sancionados, conforme a ley.


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