Reapareció doña Keiko F., ex congresista, hija mayor
del ex dictador Alberto Fujimori y lideresa del fujimorismo. Tal vez hubiera
sido mejor que no reapareciera.
Para celebrar la (re)inauguración del nuevo local
central del fujimorismo en el Centro de Lima, Doña Keiko dio un discurso durísimo
contra el Presidente de la República y su Gobierno, alabó a la mayoría absoluta
fujimorista en el Congreso, “aclaró” que ella no se “deprimió” por la derrota
en el ballotage presidencial y tildó
de “cobardía” el padecimiento de depresión (creo que no fue su intención
ofender a quienes sufren depresión) y apeló a un lenguaje confrontacional, como
si continuara la campaña electoral.
El discurso de Doña Keiko parecía elaborado para
consumo de su electorado fiel, pero para quienes en el Perú no son fujimoristas
NO genera confianza ni despeja dudas y tampoco quita la imagen de prepotencia y
agresividad que caracteriza al fujimorismo. ¿Por qué el fujimorismo es así?, se
habrán preguntado alguna vez.
Volvamos a los años 2000 y 2001, época de la “transición
democrática”. La “Transición” se construyó sobre dos propósitos: uno, que esta
vez la democracia en el Perú dure más de doce años y pueda constituirse un
régimen político, en el cual puedan convivir y alternarse en el poder partidos
políticos de distinto signo ideológico, pero con orientación política,
económica e institucional común. Dos, que no haya olvido sino recordación del
pasado (las violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad
cometidos durante los años del terrorismo, el desastre económico de la década
de 1980, la corrupción a una escala nunca antes vista, etc.) para que no se
repita.
Aunque la “Transición” terminó hace tiempo, la
legitimidad de ese proceso político sigue vigente. Lo pudimos comprobar en esas
marchas multitudinarias este año para conmemorar el golpe de estado del 05 de
abril de 1992, que no se pueden desdeñar. El fujimorismo no reivindica la
legitimidad de la “Transición” sino de la legitimidad de Fujimori en el poder.
Por eso hablan de Fujimori como “el mejor presidente”, lo llaman “salvador de
la Patria” o repiten entusiastas “¡Gracias Chino!”. Por desgracia, no recuerdan
o no quieren recordar también los últimos años de Fujimori ni a Vladimiro
Montesinos, su entonces asesor de inteligencia.
¿El fujimorismo anhela restablecer la dictadura?.
Tampoco. Como dirían los marxistas, las condiciones “objetivas” y “subjetivas”
no son las mismas de antes. El fujimorismo ya convive en democracia hace
tiempo, pero el alma del movimiento político está partida entre defender un
régimen político creado por “Otros” y defender el “legado” de Fujimori. Difícil
labor. No basta con decirse “demócratas”, hay que parecer “demócratas”.
Una acotación final: los fujimoristas no son los
únicos que NO reivindican la legitimidad de la “Transición”. Tampoco lo hace la
izquierda radical, quien apela a la legitimidad de la lucha contra la dictadura
y quiere desmantelar el modelo económico heredado de la década de 1990 como una
“reivindicación histórica”.

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