Factor joven

 

Tengo entendido que en las elecciones generales del año votarán por primera vez entre un millón y medio y dos millones de nuevos electores.

Un tercio del electorado tiene menos de treinta años de edad. Chicos y chicas que nacieron o crecieron bajo la democracia restaurada en 2001 y gozaron -unos más que otros- de los beneficios de diecisiete años de crecimiento económico continuo. Jóvenes con estudios superiores concluidos o inconclusos, estudiando una carrera universitaria o técnica o solamente trabajando. Chicos y chicas, mayoritariamente, poco o nada interesados en la política o el porvenir del país.

No pocos políticos han visto ese bolsón de votos. Sin embargo, sus estrategias electorales consistirían en publicar videos suyos en las redes sociales “haciendo el ridículo”, contratar personajes conocidos del mundo digital para que animen a votarles o pagar publicidad electoral en las redes sociales.

Veamos el caso de Argentina en 2023. Fue evidente cómo el entonces diputado Javier Milei consiguió mucho respaldo de votantes jóvenes, incluso adolescentes, porque la edad mínima para votar allá es 16 años. Con su cabellera despeinada y su casaca de cuero, Milei se veía distinto, fresco, en comparación a los políticos tradicionales con saco, pantalones y corbata. Supo sacar provecho al enorme descontento juvenil con un país que esa juventud sentía no le daba oportunidades para la vida mientras siguiese gobernada por los políticos habituales. Además, Milei tenía un mensaje contestario frente al (desacreditado) pensamiento político y económico vigente en Argentina: las “ideas de la libertad”. Por supuesto, no todo el electorado joven estaba con Milei (especialmente, las mujeres), pero fue quien más respaldo juvenil tuvo de todos los candidatos presidenciales.

No basta. En Argentina existe el concepto político de la “micro-militancia”. ¿En qué consiste?. Parte de la constatación que la gran mayoría de electores no vota a alguien, porque se topó con un afiche publicitario suyo en la calle ni vio u oyó algún anuncio electoral en los medios de comunicación. No. Vota a tal o cual candidato por influencia de su círculo social: familia, amistades, pareja o compañeros. Este fenómeno político es notorio en los jóvenes.

Por ejemplo, es más fácil que un chico o una chica convenza a sus padres de votar al candidato que él o ella apoya a que los padres persuadan a sus hijos de votar un candidato que ellos respalden. En Argentina, muchos padres votaron a Milei, porque sus hijos les convencieron. También es más fácil que alguien se deje convencer por sus amigos para votar a alguien que si el mismo candidato le pidiese votarle. Sucede lo mismo con la pareja, aunque con menor frecuencia, o los compañeros de estudio o trabajo.

El candidato presidencial que no tenga un mensaje político rabiosamente anti-izquierdista o con la constante evocación a la violencia terrorista de las décadas de 1980 y 1990 sino un discurso contestario al status quo que gran parte de la juventud rechaza y, al mismo tiempo, esperanzador por un mañana mejor, ganará.

Atentos.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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