Entre denuncia y acusación de la campaña electoral, una
revelación en la última encuesta de intención de voto de la encuestadora
IPSOS-Apoyo pasó desapercibida.
Si el voto fue facultativo o voluntario en el Perú,
¿iría a votar?. Contundentemente, 57% de encuestados y encuestadas dijo Sí, 42%
dijo NO. Además, entre los cinco principales candidatos presidenciales, si el
voto fuese facultativo, el porcentaje de sus posibles votantes no variaría significativamente.
¿Peruanos y peruanas, por fin, estamos listos para ir
a votar sin temor a una multa?. En lo personal, sí. En el Perú existe una
cultura electoralista: la psiquis colectiva acepta que debe haber elecciones y
cada cierto tiempo hay que votar. El temor a un ausentismo elevado es
infundado.
¿Por qué hay tanta resistencia política a este tema?.
Casi todos los partidos políticos se oponen. Desde la Asamblea Constituyente en
1978, pasando por el Congreso Constituyente Democrático (CCD) en 1993 y la
fallida reforma constitucional en 2002, hasta los debates más recientes en la
Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso se oyen dos argumentos
contrarios: se elegirían autoridades “sin legitimidad” (elegidas por una “minoría”)
y la mayoría de peruanos y peruanas necesitan “integrarse” a la vida política
del país.
Ya sabemos que la mayoría sí iría a votar, por lo que
la excusa de las “autoridades sin legitimidad” no es real. En último caso, sí
una mayoría de votantes decidiesen no votar, ¿por algo sería?. El ausentismo no
es una expresión anti-sistema, sino una decisión libre de “castigar”
determinado sistema político por no considerarlo representativo. ¿Tienen miedo
los partidos políticos que el electorado los castigase con un gran ausentismo
en las urnas que no olvidarían por mucho tiempo?.
Amenazar a la ciudadanía con sanciones pecuniarias si
no fuera a votar tampoco es una forma de hacerlos participes de la vida
política. No a todas las personas les interesa la política ni todas las
personas la entienden. Pretender arriar como ganado al electorado para una “fiesta
democrática” es una farsa. También insistir que la ciudadanía “necesita” ser más
instruida para entender sus “deberes cívicos” es un pretexto político para
ejercer control social (propio de los tiempos de la oligárquica “República
Aristocrática”), ajeno a la esencia de la democracia.
La referida cultura electoralista implica también que
la gran mayoría de peruanos y peruanas entiende que siempre surgirán de cada
elección las nuevas autoridades. Por eso acá no funcionaron campañas sociales
para alentar el voto en blanco o viciado, como sucedió para las elecciones
generales de 2001. Si alguien decide libremente no ir a votar, tendría que ser
muy sinvergüenza para pregonar después que determinada autoridad no tiene
legitimidad, porque no participó en la elección. Nadie de quienes pagan la multa
por no haber sido a votar alega después que sus autoridades no tienen
legitimidad, porque otros sí fueron a las urnas.
La ciudadanía sí está lista para el voto facultativo,
pero nuestros políticos no.

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