Ay, la derecha conservadora

Juro no entiendo a la derecha conservadora en el Perú.

En lugar de atacar con todo al inmundo Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 por su catastrófico fracaso ante la pandemia viral COVID-19 y la durísima crisis económica que ha causado, está indignada, indignada, a través de tendenciosos e inexactos comunicados firmados con militares retirados, por el documental fílmico Río profundo sobre el ex guerrillero Hugo Blanco, producido el año anterior y estrenado recientemente, financiado por el Ministerio de Cultura.

Ya hablé de Blanco antes y ésta será la última vez que lo haga, porque más de siete mil fallecidos oficiales por la pandemia y más de dos millones de desempleados no merecen distraernos con tonterías. Sin embargo, haré algunas aclaraciones.

No es exacto catalogar de “terrorista” a Blanco. En el Perú el delito de terrorismo existe desde 1981. La rebelión campesina de La Convención y Lares en Cusco, organizada y dirigida por Blanco, ocurrió en 1962. No es posible juzgar criminalmente una conducta sin la tipificación penal. Tampoco juzgar el pasado con los conocimientos del presente. Blanco fue un asesino convicto y confeso por la muerte de tres efectivos de la entonces Guardia Civil. Bien condenado en 1966 a 25 años de cárcel, pero indultado en 1971 por la dictadura del general Juan Velasco Alvarado.

Cuando ocurrió el levantamiento campesino en 1962 nos regía la Junta Militar de Gobierno, presidida por el general Ricardo Pérez Godoy, que derrocó el gobierno de Manuel Prado, cerró el Congreso y anuló las elecciones generales de ese año. Por su (supuesto) reformismo, la Junta tenía simpatías de la izquierda radical. Aunque la entonces Policía de Investigaciones capturó a Blanco y la Guardia Civil acabó con la revuelta, en 1963 la Junta promulgó el decreto-ley sobre “bases para la Reforma Agraria” para apaciguar al campesinado cusqueño.

Blanco fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente en 1978. Fue el tercer candidato más votado. También fue diputado y senador. Aceptó la democracia entre 1980 y 1992.

La rebelión de La Convención y Lares en 1962 fue el último de muchos levantamientos campesinos en nuestra historia. Por ejemplo, la rebelión de Huancané en 1867, liderada por Juan Bustamante, defensor de indígenas en Puno y la Constitución de 1867. La rebelión de Huanta en Ayacucho, en 1896, brutal y salvajemente sofocada por órdenes del presidente Nicolás de Piérola y la acción del coronel Domingo Parra y el subteniente Oscar Benavides. La rebelión de Rumi Maqui en 1915, liderada por el sargento Teodomiro Gutiérrez, “Rumi Maqui”. Mesiánico y milenarista, Gutiérrez movilizó dos mil campesinos puneños. Quería restaurar el Tahuantinsuyo y separar Puno para anexionarla a Bolivia. Según el entonces diputado Luis Felipe Luna, eran acusaciones falsas. Gutiérrez fue capturado, condenado a 20 años de cárcel y desapareció.

No sabe de Derecho, no sabe de Historia. No tiene idea de nada. La derecha conservadora es “tonta de baba”.

 


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