Temprano de la mañana sabatina
leí por la red social Twitter la columna de opinión de la editora central del
diario El Comercio, Martha Meier Miró
Quesada (el periodista Gustavo Gorriti le sindicó haber simpatizado con la
dictadura de Alberto Fujimori durante la década de 1990), cuyo título era el
hashtag (etiqueta) #MáximaNoEstáSola.
¿De qué trataba?. La dama hacía
alusión al caso de la campesina Máxima Acuña, quien en días recientes ha sido
protagonista de una disputa legal con la empresa minera Yanacocha en Cajamarca
por la posesión de tierras donde ella y su familia viven y cultivan. Acuña
había adquirido las tierras pertenecientes a la comunidad campesina de
Sorochuco acreditando sólo un "certificado de posesión". Yanacocha aduce
haber adquirido legalmente esas tierras en 1996.
En 2011 Yanacocha habría
intentado tomar posesión de las referidas tierras recurriendo a la Policía
Nacional. Según el editorial, hubo agresiones verbales, violencia física y
destrucción de objetos personales. Sin embargo, a fines del año pasado el Poder
Judicial habría declarado válido el “certificado de posesión”. Los abogados de
Yanacocha presentaron un recurso de casación, no admitido. Ahora presentarían un
recurso de queja como última alternativa.
Yanacocha empezó operaciones en
1994. Las minas de oro explotadas son las más grandes de Sudamérica. A pesar
del enorme gasto en responsabilidad social empresarial, publicidad
institucional y cuidado del medio ambiente, Yanacocha tiene una imagen pública negativa
en Cajamarca. Acusaciones por contaminación ambientales (algunas probadas,
otras no) mancharon la reputación de la empresa y fueron la motivación
principal del rechazo al proyecto minero Conga en 2011 y 2012. Rechazo
astutamente azuzado por esa izquierda radical anti-minera, que hoy quiere
convertir a la campesina Máxima Acuña en “símbolo” de lucha contra la gran
minería. Conocidos “rojos”, como la ex regidora metropolitana Marissa Glave,
realizaron un plantón frente a oficinas de Yanacocha en Lima. También hubo
manifestaciones “rojas” en Cajamarca.
Todo lo que indico fue
correctamente señalado por Meier Miró Quesada en su editorial, pero ella
finalizó el escrito con una alusión directa y frontal al Presidente de la
República, su Gobierno y cierto sector del empresariado. También se burló del “diálogo”
político convocado por la Presidenta del Consejo de Ministros y acabó con otro
hashtag #OllantaEstáMásSoloQueNunca.
Este final era innecesario, porque desnaturalizó el editorial y hasta ridiculizó a la
editora.
Sin embargo, llamó a la atención
que El Comercio retirase rápidamente
de la página web el editorial central
de Martha Meier Miró Quesada sobre Máxima Acuña, Yanacocha y Cajamarca. Sólo
quedó para la edición impresa del diario, pero los siempre traviesos
cibernautas se encargaron de copiar el editorial y difundirlo por el Internet.
¿Censura o auto-censura?. No lo sé, pero que dentro del viejo “diario de la
Rifa” (como llamaban en el pasado a El
Comercio) recuerden que NO se tapa el Sol con un dedo.

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