No es suciedad ni inseguridad sino “dejadez”


Empezó con la denuncia periodística de un comensal que afirmó haber encontrado un insecto en su pizza y la cadena de pizzerías Domino's Pizza cerró temporalmente todos sus restaurantes en el Perú para implementar mejoras.
 
Se denunció un caso similar en un restaurante de la cadena de pizzerías Pizza Hut y la franquicia se disculpó públicamente y anunció un cambio en las políticas de limpieza. Un roedor fue visto al interior de una sala de cine perteneciente a la cadena Cine Planet: inspectores de la Municipalidad Distrital de Comas visitaron el lugar y procedieron a un cierre temporal para que la franquicia fumigue y limpie el lugar. En Lima y otras ciudades del país autoridades municipales o sanitarias inspeccionaron cientos de restaurantes (conocidos y no tan conocidos) hallando en muchos lugares condiciones de insalubridad.
 
¿Peruanos y peruanas somos “sucios”?. No, porque situación similar ocurre cuando se trata de tomar medidas de seguridad. ¿Cuándo establecimientos públicos no han sido multados o temporalmente cerrados en el pasado por no contar con extintores contra incendios, señalización de salidas en caso de sismo o libre acceso a las puertas de escape?. Hay algo en la idiosincrasia peruana contraria a la prevención, la precaución o el cuidado.
 
Por alguna razón creemos que no es necesario limpiar frecuentemente, revisar la seguridad o cuidar que nada nos pueda ocurrir. Confiamos demasiado en nosotros mismos, Dios o la buena suerte y creemos que todo estará bien. Por ejemplo, a pesar de las recomendaciones de la Policía Nacional y la asociación de bancos, hay personas que insisten en salir a la calle cargando miles de nuevos soles en la billetera o la cartera cuando pueden abrir una cuenta bancaria y utilizar tarjetas de débito, sin exponerse a lamentables asaltos.
 
Si la cultura política peruana se caracteriza por la “improvisación”, la cultura cívica se caracteriza por la “dejadez”. Es una actitud consecuencia de la “holgazanería”, por la cual no hacemos las cosas que debiéramos hacer, porque consideramos que no es necesario hacerlas o podemos postergarlas para un mañana cuando tampoco las haremos. Probablemente, la “dejadez” es una herencia de la colonia española. En el siglo XIX el político, escritor y periodista chileno Benjamín Vicuña Mackenna decía que los peruanos habíamos heredado toda la holgazanería de los andaluces españoles, mientras los chilenos eran de cepa gallega, vasca.
 
Añadiría un factor más: la “viveza criolla”, otra herencia de España. Soy “pendejo(a)”, “me la sé todas”. Por pensar así, el o la infeliz no se prepara, no toma precauciones ni se cuida. Nada malo pasará, porque confía en que “saldrá bien librado(a)” ante la adversidad. Más que confianza, es vanidad. Más que astucia, es soberbia. Más que “viveza”, es “estupidez”.
 
El cambio en la idiosincrasia peruana tardará. Requiere mayor integración al mundo y mezcla con otras culturas, pero que ya se hable de nuestra “dejadez” que antes ni se mencionaba y ahora avergüence es evidencia que el Perú sí ha avanzado.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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