Lean estas
palabras:
“Tranquilidad, yo soy una persona de palabra. Lo he dicho una y otra vez
y lo vuelvo a repetir: seré presidente del Perú hasta el 28 de julio de 2021 y
no hay posibilidad de reelección, independientemente del análisis legal, es una
decisión tomada”. Estas declaraciones las dio ese “aventurero” llegado
a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 en
un evento público junto a su “servil” Presidente del Consejo de Ministros y su “progre”
Ministra de Economía y Finanzas.
El “aventurero”
está feliz. Mayoritariamente, el Tribunal Constitucional “convalidó” sus graves
violaciones a la Constitución de 1993 cometidas el 30 de septiembre de 2019,
día en el cual “se cargó” el Congreso “forzando” la disolución de la Cámara con
la (todavía inexplicable) tesis jurídica de la “denegación fáctica” y
convocando comicios legislativos para cuatro meses después. La “constitucionalización”
de las graves violaciones a la Constitución de 1993 entonces no cambia ni
cambiará que ese día sí ocurrieron, pero el “aventurero” estaría “tranquillo”,
porque el Congreso ya no podría acusarlo durante el mandato presidencial.
¿Usted cree
en la palabra del “aventurero”?. Pregunten su opinión al ex presidente Pedro
Pablo Kuczysnki, a la segunda vicepresidenta Mercedes Aráoz o a doña Keiko F,
ex congresista y lideresa del fujimorismo. También al periodista Martín Riepl,
autor del libro Vizcarra: una historia de traición y lealtad, publicado el año
pasado y sin visto bueno del “aventurero”.
Quizá
exceptuando a Susana Villarán en la Alcaldía de Lima (2011-2015), nadie desde
el retorno a la democracia en 2001 ha tejido tantas redes políticas en el
Estado y la sociedad para su beneficio. El “aventurero” tiene “aliados” en el
Ministerio Público y el Poder Judicial, a presidentes regionales y alcaldes “comiendo
de su mano” (¿recuerdan la escena de genuflexión en Piura?), a sus “paisanos”
dentro del alto mando militar y policial. Hay políticos apoyándolo, porque creen
que se beneficiarán con él. También tiene a la opinión pública de su lado,
aunque muchos periodistas y ONG lo apoyan por interés político. Allá todos
ellos cuando se percaten que los engañaron peor que “quinceañera ilusionada”. Los
sindicatos y el empresariado desconfían de él, pero poca oposición le pueden
hacer.
Con todo
ese aparataje político-mediático, el “aventurero” sólo necesita una “interpretación
auténtica” de la Constitución de 1993 indicando que la prohibición de
reelección presidencial no se aplica para él al no haber sido votado por nadie
en las ánforas (tesis de la ex congresista Patricia Donayre) y “cargarse” el artículo sobre su candidatura en la Ley Orgánica de Elecciones de 1997 y,
¡guala!, lo encontraremos en campaña para las elecciones generales del
siguiente año.
¿Qué el “aventurero”
no quisiera?. Lo dudo mucho. Recientes imágenes de él y su familia disfrutando
del sol y el mar en el Centro Naval de Ancón me demuestran -una vez más- que su
única razón para estar en el poder (y seguir en el poder) es el disfrute de
ordenar y ser atendido. Este “aventurero” adorará a Dios o rendirá pleitesía al
demonio para que su popularidad no caiga y esté en peligro su permanencia en el
poder. Ya su Presidente del Consejo de Ministros pretende “pechar” a los congresistas
que elegiremos este 26 de enero con otra “cuestión de confianza” a los más de
sesenta decretos de urgencia promulgados durante el interregno parlamentario. Al
menos, la Constitución de 1993 prohíbe la disolución de la Cámara el último año
del mandato presidencial.
Lo siento
con quienes no están de acuerdo, pero a ese “aventurero” no le creo nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario