Parecía broma, pero es un mal chiste que tiene una
víctima: Gabriela Eguren, joven historiadora de arte. El victimario: el
congresista Edwin Donayre.
Excéntrico, Donayre fue comandante general del
Ejército entre 2006 y 2008, cuando el gobierno de Alan García lo pasó a retiro
por denuncias de corrupción y expresiones xenófobas publicadas contra Chile y
los chilenos. Desde 2016 es congresista por Alianza para el Progreso, el
movimiento político del ex presidente regional de La Libertad, César Acuña.
Según varios medios de comunicación, Donayre ingresó
al Lugar de la Memoria, ubicado en el distrito limeño de Miraflores. Entró
disfrazado: con peluca y ropa deportiva. Fingió ser colombiano, sordomudo (¡!)
y víctima de los militares de Colombia. Llegó con otro hombre que fingió ser
víctima de los militares peruanos y una mujer que no paraba de preguntar. Todos
fueron recibidos por Eguren, quien no era guía del museo. La historiadora
intentó comunicarse en lenguaje de señas con Donayre, pero éste no le entendió.
Se pasearon por el Lugar de la Memoria durante casi tres horas, con Donayre
grabando el recorrido en un teléfono celular y sus acompañantes preguntando y
re-preguntando a Eguren sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por
los militares.
Posteriormente, el video fue editado, subtitulado
(¡encima con errores ortográficos!), difundido por las redes sociales Facebook y Twitter y reproducido por ciertos periodistas. Entonces, ¡escándalo!:
una “guía” del Lugar de la Memoria hace “apología al terrorismo” cuando es
evidente para quien ve detenidamente el video que fueron preguntas insidiosas
buscando respuestas específicas. El Ministerio de Cultura ha separado
temporalmente del museo a Eguren, pero Donayre ya está pidiendo en el Congreso
investigar el Lugar de la Memoria. Quizá los dos únicos errores de la
historiadora fueron la imprecisión informativa de la muestra y haber pecado de
ingenuidad frente a la malicia.
La conducta de Donayre es “indigna” de un congresista,
quien debe guardar su alta investidura dentro y fuera del Palacio Legislativo.
Como parece no haber hallado algo “pro-terrorista” en la muestra del Lugar de
la Memoria, acusa a la joven historiadora de “apologeta del terrorismo”. Simplemente,
es una “canallada”.
Donayre es “negacionista”. Como la congresista Paloma
Noceda (ingeniera industrial y deportista) y otros en política, intelectualidad
y periodismo, insiste que no hubo un “conflicto armado interno” entre 1980 y el
año 2000 (cuyos principales agentes fueron Sendero Luminoso y el Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru) sino una “guerra al terrorismo”. Ignora que el
Derecho Internacional Humanitario, rama del Derecho Internacional Público,
consagrado en los Convenios de Ginebra en 1949, jurídicamente, dice lo contrario.
Los dignos militares que lucharon decentemente contra
el terrorismo no merecen ser mezclados con esa minoría castrense que manchó con
sangre o estiércol el honorable uniforme patrio ni necesitan que un personaje
bufonesco y patético como Donayre abogue por ellos.

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