Todos los medios de comunican reseñaron la última decisión del Congreso.
Con 115 votos a favor, 5 en contra y 4 abstenciones, la Cámara otorgó la cuestión de confianza al nuevo Presidente del Consejo de Ministros, ese general “cuartelero”, que “convenció” a muchos congresistas con un discurso lleno de frasecillas demagógicas (“¡No más crecimiento económico a espaldas del pueblo!”), promesas de muchísimo gasto público, ninguna mención a la inversión privada, sin aceptar los fracasos y con reiterados llamados a la “unidad nacional” para enfrentar la pandemia viral COVID-19 en el Perú, pero sin sincerar cifras de contagios acumulados y fallecidos e insistiendo en las deficientes pruebas rápidas para descarte del virus.
Sin embargo, otra noticia no ha sido muy difundida: Maximiliano Aguiar, el asesor argentino de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018, renunció. El hombre publicó en su cuenta de la red social Twitter las palabras “Nueva etapa. ¡Otros rumbos!”. En declaraciones para el diario El Comercio, confirmó que se alejó “en buenos términos” con el Palacio de Gobierno.
Aguiar, sociólogo de profesión, consultor de oficio, autor de la teoría del “posicionamiento permanente” (explicada anteriormente en otro artículo), ha sido la mente maestra, el genio maligno, que convirtió al “aventurero” en un “maniaco de la impostura”. Sin Aguiar, el “aventurero” nunca hubiese podido superar las crisis políticas que enfrentó, muchas de las cuales fueron provocadas intencionalmente por su Gobierno. El asesor argentino fue el artífice intelectual de todos los hitos políticos del “aventurero”: el Referéndum de 2018, el uso perverso de la cuestión de confianza contra el Congreso, la disolución forzada de la Cámara en 2019, etc. Incluso, iniciada la pandemia, Aguiar continuó trabajando para el “aventurero” desde Argentina. La idea que el “aventurero” apareciera todos los días en televisión desde el Palacio de Gobierno “anunciando” alguna medida, acción o promesa o culpando a otros (por ejemplo, la población) y repitiera constantemente el verbo “esforzar” o el sustantivo “esfuerzo” y después los medios de comunicación publicaran encuestas de opinión mostrando la altísima popularidad presidencial salió del cerebro de Aguiar.
En el futuro el país debería conocer cuánto se le pagó a este asesor argentino, quien sólo trabajó para los intereses políticos del “aventurero”. Me formulo una pregunta: ¿por qué renunció Aguiar ahora?. Si el asesor argentino se fue “en buenos o malos términos”, no importa. No creo el “aventurero” esté contento. Inclusive no importa tanto el por qué se retiró sino el por qué hacerlo ahora. Suponiendo el “aventurero” cumpliera el mandato presidencial y se fuera el próximo año, Aguiar lo hubiese seguido asesorando hasta el siguiente año.
¿Por qué Aguiar se retiró ahora?. Sin un pelo de tonto, intuye que el Gobierno “hace agua” por todos lados y el “aventurero” se hundirá. Mejor dicho, no llegaría al próximo año. Ya no tendría salvación. El fracaso estrepitoso del Gobierno contra el virus, la durísima recesión económica y las constantes denuncias de corrupción administrativa acabarían con cualquier estrategia de imagen. Sin Aguiar, es virtualmente imposible que el “aventurero” pretenda una candidatura presidencial y se le dificulta tremendamente dejar un “delfín”.
Quizá en el Congreso saben que el “aventurero” está políticamente más debilitado que nunca, porque los congresistas aplaudían al Presidente del Consejo de Ministros, pero bramaban “censura” contra el Ministro de Educación y la Ministra de Economía y Finanzas.
Comenzó la cuenta regresiva.
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