Nicolás Maduro, dictador de Venezuela desde 2013,
vendría al Perú para asistir a la VIII Cumbre de las Américas, que se realizará
en Lima dentro de dos meses.
La Cumbre de las Américas es una reunión de jefes de
estado y jefes de gobierno de América, el Caribe y las Antillas para tratar
temas diplomáticos y/o comerciales de importancia continental. Por la espantosa
situación política, económica y social de Venezuela, Maduro será una presencia indeseable.
No sería el único visitante incómodo: vendría Evo Morales, quien en Bolivia “aplasta”
lo que sea y a quien sea para eternizarse en el poder. También Juan Orlando
Hernández, quien ha socavado la democracia en Honduras con una inconstitucional
y cuestionable reelección presidencial. Por supuesto, Daniel Ortega, quien hace
años se roba elecciones en Nicaragua para conservar el poder.
En el Perú, hay un pedido en el Congreso firmado por
el fujimorismo, el APRA, el oficialismo y Acción Popular pidiendo al Ministerio
de Relaciones Exteriores declare “persona no-grata” a Maduro e impida su
asistencia. El pedido es político, no jurídico. No hay forma de evitar que
venga si él quiere venir. El Presidente de la República ha reiterado que está
invitado y puede venir.
Las dos facciones de izquierda radical con
representación parlamentaria no suscribieron el pedido. Una vez más “rojos” y “rojimios”
hicieron gala de doble rasero. Alegaron que es “anti-diplomático” impedir la visita
de Maduro o si se impedía la visita del dictador venezolano, también se
impidiera la visita del polémico presidente de los Estados Unidos, Donald
Trump.
La izquierda radical sabe que Maduro NO es popular en
el Perú, pero lo defiende. Incluso más: el ex presidente regional de Cajamarca,
Gregorio Santos, ha “alabado” la Revolución Bolivariana en Venezuela y anunció
que desea reunirse con Maduro cuando éste venga al país. Del otro lado,
entrevistado en Radio Capital, el catedrático universitario Oscar Vidarte (un “rojimio”
que posa de intelectual reputado) minimizó la “crisis humanitaria” venezolana causada
por el inminente colapso económico e insinuó que los inmigrantes venezolanos “exageran”
políticamente la realidad de Venezuela. Vergüenza.
Quienes han sido contundentes son los inmigrantes
venezolanos en el Perú. Entre ellos el rechazo a Maduro es casi unánime. Ya
organizan marchas para repudiar su presencia. La gran mayoría son hombres y
mujeres menores de 30 años de edad. Han crecido bajo la Revolución Bolivariana.
El idealismo izquierdista sesentero, la bonanza petrolera de la década de 1970,
la podredumbre bipartidista de Acción Democrática y COPEI, la decadencia de la
década de 1990 y el fenómeno político Hugo Chávez no les significan nada. Para
ellos Venezuela es un país que hace algunos años “nadaba” en “petrodólares”,
los cuales fueron cruelmente despilfarrados y hoy se hunde en la miseria. No “comen
cuento” y nos recuerdan a los peruanos que tampoco “comamos cuento”. Eso le
revienta a la izquierda radical.
Aún tengo dudas que Maduro venga al Perú, pero si
viene, acá lo estaremos esperando.

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