Debate “aguado”


El Ministro de Economía y Finanzas ha anunciado que el Gobierno nacional estudia seriamente que la empresa estatal SEDAPAL, encargada del agua potable y alcantarillado en Lima y Callao, cotice hasta el 20% del accionariado en la Bolsa de Valores de Lima. De inmediato, la izquierda radical ha saltado hasta el techo.
 
El diario izquierdoso que dirigen los periodistas César Lévano y Raúl Wiener ha dedicado titulares contra “la venta de SEDAPAL”, el sindicato de trabajadores de la empresa está en “pie de lucha” y la pequeña bancada Frente Amplio en el Congreso pretendió boicotear la “capitalización” de todas las empresas estatales. Gritos, consignas, puños en alto, pero 45% de habitantes de la capital –aproximadamente- no cuentan con el servicio de agua potable y la izquierda radical no propone ninguna solución sensata al respecto.
 
El tema no es nuevo: en la década de 1990 se pretendió dividir y privatizar SEDAPAL, sin éxito. En 2005 el gobierno de Alejandro Toledo concesionó el servicio de saneamiento en Tumbes al consorcio Agua de Tumbes y planteó la capitalización de SEDAPAL, sin éxito. Dos años después el gobierno de Alan García planteó la concesión del servicio de saneamiento en Piura, Junín, La Libertad, Ucayali y Lambayeque, también sin éxito, pero en Lima no quiso ir más allá de concesionar plantas de tratamiento de aguas residuales.
 
Actualmente, SEDAPAL lista en bolsa y el Poder Ejecutivo buscaría el ingreso de capital privado, el mejoramiento de la gestión y la reforma del gobierno corporativo. ¿Tan terrible es la capitalización en saneamiento?. Quizá Lévano, Wiener y el Frente Amplio lo ignoren o no les interese, pero en Cuba la dictadura comunista a la cual aún reverencian concesionó en el año 2000 a capitales españoles el servicio de agua potable y alcantarillado del centro y oeste de La Habana. Más del 60% de hogares es cubierto por la empresa Aguas de La Habana, que ha hecho esfuerzos por reparar tuberías y evitar fugas de agua.
 
Chile es el país emblemático en saneamiento. Durante los años de la “Concertación” (la coalición de izquierda moderada que gobernó por dos decenios y que ha vuelto al poder, pero con otro nombre) se privatizaron tres empresas y se concesionó los servicios. Santiago, la capital chilena, es abastecida por Aguas Andinas, consorcio de capitales españoles. Bío Bío es abastecida por ESSBIO (capitales argentinos), Valparaíso por ESVAL y Coquimbo por Aguas del Valle. A pesar que todas las empresas son privadas y 63% de hogares chilenos son cubiertos por las empresas mencionadas, el Estado aún mantiene participación.
 
Además, hay un marco regulatorio moderno y efectivo, que incluye tarifas subsidiadas para los más pobres. La continuidad del servicio es 100%, la cobertura del alcantarillado es 91% y la cobertura del agua potable es 95%. En el Perú, la continuidad es 71%, la cobertura del alcantarillado es 68% y la cobertura del agua potable es 83%.
 
A cifras y hechos, la izquierda radical siempre responderá con su slogan “¡SEDAPAL no se vende, SEDAPAL se defiende!”. Por eso es un debate "aguado".

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