Ya me
“joroba” el abogado Aldo Mariátegui.
En
recientes artículos de su columna de opinión en el diario Perú21, “Alditus” (le encanta que las jovencitas le llamen así)
reniega del Perú desde España (“me largué
de allí”, escribió), desprecia la voluntad popular libremente expresada en
las ánforas cuando no apoya su opción política (“electarado”, repite) e intenta atemorizarnos con un “apocalipsis”
si un anti-izquierdista (lo que ya él entienda por “izquierdista”) no llegara al
poder en las elecciones generales de 2021.
“Alditus”
(quien tampoco es “liberal” sino un puñetero “neo-keynesiano”) se equivocó de
época. Debía haber nacido en el Perú decimonónico y vivido durante la
“República Aristocrática”, el régimen nacido de la Revolución de 1894
caracterizado por la estabilidad política, la continuidad institucional y la
vigencia de Constitución de 1860 cuando el Partido Civil hegemonizó el poder. Éste
representaba a grandes hacendados, industriales y comerciantes, la llamada “oligarquía”,
quienes fusionaron sus intereses con la patria. Con el ente comicial y los
fraudes electorales, los civilistas dominaron el Supremo Gobierno, el Congreso,
la Corte Suprema de Justicia y las municipalidades. “Alditus”, cómo hubiese
disfrutado.
Fue una
época de expansión minera, exportación lanera y agro-exportación (azúcar y
algodón) y explotación cauchera y petrolera. Barreras arancelarias a las
importaciones (de seguro, a “Alditus” le hubiese encantado) produjeron una
incipiente industria manufacturera. Consecuencia: monopolios o posiciones
dominantes del mercado resultando en precios altos y poca competencia. Añadido
a déficit fiscal, endeudamiento externo y baja tributación. Además, el drama
social: un pequeño proletariado bajo explotación laboral (jornadas de trabajo
de 12 a 18 horas, por ejemplo), explotación o expoliación de campesinos en el
campo, analfabetismo elevado e injusticia reiterada. Quizá eso a “Alditus” no
le hubiese interesado.
Detrás una
naciente “mesocracia” conformada por medianos o pequeños comerciantes e
industriales, empleados, intelectuales, etc., pugnaba por abrirse paso. El
régimen requería reformas, pero pocos en las élites supieron verlo.
Posiblemente, “Alditus” hubiese tildado a los críticos de “obreristas” o “anarquistas”.
La convulsa llegada al poder de Guillermo Billinghurst en 1912 fue un síntoma,
pero el Congreso le respondió con el golpe de estado de 1914. “Alditus” hubiese
aplaudido el golpe, la interrupción de la sucesión constitucional y la acción infame
del Ejército.
El boom exportador a consecuencia de la
Primera Guerra Mundial, la creciente inflación y el debilitamiento civilista
aumentaron la conflictividad: el levantamiento de Rumi Maqui de 1916, las
huelgas obreras de 1917 y 1918, protestas por las subsistencias, hasta llegar
al golpe de estado del 04 de julio de 1919 que liquidó la “República
Aristocrática”. “Alditus” se hubiese indignado con el ascenso de la “chusma”
mesocrática.
Tal vez la
molestia de “Alditus” Mariátegui es hacia el presente, porque es un “hombre del
pasado”.

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