Sucedió la “Toma de Lima”, la ampulosa denominación para la marcha a favor del “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno.
Como señalaron sus convocantes, la “Toma de Lima” era una marcha “desde las provincias hacia Lima” para “cerrar el Congreso”. Según un informe de inteligencia policial que circuló en redacciones periodísticas, el fin ulterior era el asalto al Palacio Legislativo. La marcha también tenía como consignas la renuncia de la Fiscal de la Nación, la remoción de los vocales de la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Constitucional y una nueva Constitución. Sabemos bien que no logró ninguno de esos objetivos.
¿Quiénes participaron?. Sindicatos comunistas, rondas campesinas, movimientos políticos de izquierda radical y colectivos ciudadanos “de izquierda”. Iban a participar los batallones de reservistas del ex mayor Antauro Humala, pero a último minuto “Antaurito” se desconvocó y fueron pocos reservistas. Hubo escasa presencia juvenil, mucha gente “vieja” y algunos individuos de aspecto peligroso. Numéricamente, la marcha en Lima fracasó. En el punto más álgido, alrededor de las 4:00pm, habrá habido alrededor de mil o dos mil personas, no más. También hubo marchas en Trujillo, Arequipa y Cusco, pero fueron pequeñas.
Si quienes convocaron la marcha (por cierto, un día antes se habían reunido con el “hombre sin sombrero” en el Palacio de Gobierno) quisieron hacer demostración de fuerza en las calles, fallaron. La minoritaria presencia de las masas movilizadas sí fue compensada por la notoria agresividad. Hubo enfrentamientos violentos con la Policía Nacional y ataques físicos contra reporteros. El odio que esos manifestantes sienten hacia los grandes medios de comunicación era evidente. Excepto el congresista Guillermo Bermejo, ningún político conocido de izquierda radical asistió. El “hombre sin sombrero” prefirió escapar hacia la sede de la Conferencia Episcopal, pero por la noche se enorgulleció de la marcha. “El pueblo salió a defender su voto”, dijo. Sí, cómo no.
Tres lecciones nos dejan la “Toma de Lima”: 1) Si el “hombre sin sombrero” quiere una “fuerza de choque” para su mefítico Gobierno, con comando, organización y disciplina, sólo “Antaurito” y sus batallones se lo pueden proporcionar. Lo que vimos fue la típica manifestación tumultuaria, que sólo ocasiona caos y zozobra un rato. 2) La izquierda radical no puede pasar del nivel de las turbas. No esperen que convoque una manifestación callejera multitudinaria y contundente, porque es incapaz de organizarla. 3) El “hombre sin sombrero” no tiene ninguna capacidad de convocatoria. Esas masas fueron movilizadas gracias al apoyo de prefectos y subprefectos, quienes dependen del Gobierno nacional. La marcha opositora del 05 de noviembre en Lima fue más numerosa y significativa.
En la fantasiosa “Toma de Lima”, creo, no estuvieron todos quienes pueden defender al “hombre sin sombrero” en las calles del Centro de Lima cuando esté al borde de la caída, un momento político al cual nos vamos acercando. Tampoco, creo, vimos toda la violencia callejera que las turbas de izquierda radical y los grupúsculos del lumpen pueden generar.
No
obstante, si el “hombre sin sombrero” fuese un sujeto inteligente (no lo es),
se percataría que va quedándose sin cartas de la baraja y, al final, deberá
apostar “todo o nada”.
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