Acción Popular, la decepción

Cuando Acción Popular obtuvo la primera minoría en la elección parlamentaria pasada, muchas personas creyeron que había ganado un partido político “serio”.

Sin embargo, tras la reinstalación del Congreso, Acción Popular ha comenzado a decepcionar a la opinión pública. Se esperaba una bancada más cohesionada e impulsora de iniciativas legislativas bien pensadas. Al contrario, no hay liderazgo claro, mal conviven dos tendencias caudillistas e impulsa muchas propuestas demagógicas. En lo personal, no sorprende. Salvo el congresista Otto Guibovich, la bancada está llena de “buscavidas” e “iletrados”, sin nada que perder y mucho que ganar en la política.

Acción Popular difiere de, por ejemplo, el APRA y el Partido Popular Cristiano en dos aspectos: a diferencia de aquellos partidos, que tiene una doctrina guía desde la fundación, Acción Popular nunca la tuvo. A su vez, a diferencia de apristas y pepecistas, con estructuras partidarias montadas antes de una participación electoral, Acción Popular nació en 1956, a partir de la derrota de la candidatura presidencial del arquitecto y ex diputado Fernando Belaunde en las elecciones generales de ese año. Por eso, al carecer de doctrina (era insensato tomar en serio el ideario cursi de El Perú como doctrina inventado por Belaunde) y una estructura partidaria fuerte, en Acción Popular siempre ha habido tendencias caudillistas centrípetas contrarias a un liderazgo cohesionado. Incluso por encima de Belaunde.

En la década de 1960, cuando Belaunde fue Presidente de la República por primera vez, Acción Popular bullía por dos tendencias destructivas: el “ala palaciega” (por Belaunde en el Palacio de Gobierno) y el “ala termocéfala”, liderada por Edgardo Seoane, quien llegó a Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores. Seoane acabó saliendo del partido. De igual modo, en la década de 1980, cuando Belaunde volvió al poder, aunque no hubo ruptura, Acción Popular se dividió en dos tendencias: los “alvistas”, liderada por el senador Javier Alva Orlandini, y los “ulloistas”, seguidores del senador Manuel Ulloa Elías. Ambos buscaban la candidatura presidencial, que Alva Orlandini terminó obteniendo.

La transición a la democracia en 2001 y el gobierno de Valentín Paniagua, un viejo acciopopulista, fueron un “segundo aire” para Acción Popular. Belaunde falleció en 2002 y Paniagua ocupó el liderazgo. No obstante, aquél falleció en 2006, vinieron años de líos internos y tiempo después surgirían las dos tendencias actuales dentro del partido y la bancada: los “vitochistas”, por el ex diputado y ex congresista Víctor Andrés García Belaunde, y los “lescanistas”, por el ex congresista Yohny Lescano, quien tiene aspiraciones presidenciales.

Un motivo más para interesarse por la situación actual de Acción Popular: el presidente del Congreso, Manuel Merino de Lama, es acciopopulista y está en la línea sucesoria hacia la Presidencia de la República hasta el 28 de julio de 2021. Que la decepción acciopopulista no llegue a tener mayores consecuencias para el Perú.

 


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