El congresista Carlos Bruce
reveló a través del diario El Comercio
su homosexualidad (“Soy gay y estoy
orgulloso de serlo”) y ha reavivado el debate sobre el proyecto de ley por
la "unión civil" no-matrimonial entre personas del mismo sexo, que
aguarda votación en el Congreso.
Congresista desde 2006 y Ministro
de Vivienda, Construcción y Saneamiento bajo el gobierno de Alejandro Toledo,
Bruce se ha convertido en el político peruano más influyente que revela su
orientación sexual. Antes lo hicieron las abogadas Susel Paredes y Verónica
Zavala, la Ministra de Transportes y Comunicaciones durante el gobierno de Alan
García.
Sin embargo, en la coyuntura del
debate por la “unión civil”, la movilización de parte de la sociedad civil a
favor y la participación de los medios de comunicación en campañas contra la
homofobia (Parejas imaginarias), la revelación de Bruce ha desnudado la pobreza
argumental de quienes se oponen a la iniciativa legislativa que sólo busca
garantizar derechos patrimoniales (bienes mancomunados, seguridad social) y sucesorios (herencia, fondo de pensiones) a las parejas
del mismo sexo.
En primera fila, están quienes
utilizan excusas legalistas para politizar el tema, como la conocidísima congresista
Martha Chávez, también “súper-numeraria” de la prelatura católica Opus Dei. “Hay conflicto de intereses”, porque
Bruce es gay y el proyecto de ley lo favorecería a él. Conflicto de intereses
es cuando alguien mediante la aprobación y promulgación de una norma impulsada
por él o ella se beneficia personal y directamente. ¿Dónde está el beneficio
personal y directo de Bruce?. Sustentación endeble, como la acusación al Ministro
de Energía y Minas por la renovación de una concesión petrolífera, porque él
trabajó años antes para el estudio de abogados que hoy trabaja para la empresa
petrolera noruega beneficiaria.
Atrás de los “legalistas” están usan
a Dios y la teología cristiana para politizar el tema y perpetuar el status quo, como el congresista Julio
Rosas, antiguo pastor de la iglesia evangélica Alianza Cristiana y Misionera.
Rosas y sus “hermanos” falsean la verdad al satanizar la iniciativa
legislativa diciendo que “destruirá” la familia (no hay nada sobre adopción de
bebes, niños o niñas ni adolescentes) y tuercen las enseñanzas de Jesucristo y la doctrina de
la fe para preservar un “orden natural” y justificar la marginación de una
minoría. Al fin de cuentas, la Iglesia Católica (también opuesta al proyecto) esbozó
argumentos parecidos en 1931 cuando se debatía por primera vez el voto
femenino.
Por último, los típicos
homofóbicos, representados por el congresista Carlos Tubino, almirante retirado
de la Marina de Guerra. Tubino se ha burlado de Bruce diciendo que buscaría “romper
el estereotipo gay-peluquero”, como si trabajar en una peluquería y ser
homosexual fuese vergonzoso. Por desgracia, hay gente que concuerda con Chávez,
Rosas o Tubino.
Si la Cámara aprueba o no el
proyecto de ley, que el Perú no se divida (aún más) por el odio y la intolerancia.
Los sinceros deseos de quien escribe.


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