Contra la corrupción..., por las instituciones y la ley


A raíz de los escándalos Oscar López Meneses, Rodolfo Orellana y Martín Belaunde Lossio, todos en el Perú hablan a cada rato de luchar contra la corrupción, pero sin entender o explicar por qué y cómo.
 
No se lucha contra la corrupción como una forma de destruir al adversario político. Jamás debe primar la lógica de “Tú robaste más que yo” o “Robé, pero hice obras”. Se lucha contra la corrupción en todas sus modalidades, porque destina enormes recursos para fines incorrectos, pervierte la democracia, socava el imperio de la ley y atrofia las instituciones. Sin una democracia sana, un imperio de la ley fuerte y unas instituciones funcionales no es posible el crecimiento económico ni el desarrollo humano.
 
Se lucha contra la corrupción, porque esté de moda o la corrupción sea algo feo sino para que nuestro país se asemeje cada día más a los Estados Unidos, Europa, Japón o Corea del Sur, países con índices de corrupción más bajos que el promedio latinoamericano. La única forma eficaz de luchar contra la corrupción es mediante los instrumentos de la Constitución y la ley. Cualquier otro medio, es fantasía.
 
Por ejemplo, la procuradora adjunta para el caso “La Centralita” (corrupción en el Gobierno Regional de Ancash), Jenny Vilcatoma, denunció periodísticamente que el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Daniel Figallo, la presionó para beneficiar con una figura procesal penal inadecuada al prófugo Belaunde Lossio. Probablemente, esa iniciativa originó la renuncia del procurador anticorrupción Christian Salas. Según entendidos, la presión fue decidida por el Presidente de la República y su enigmático asesor jurídico Eduardo Roy Gates. Hasta ahí es perfecto: Figallo deberá acudir al Congreso y explicar los hechos durante una interpelación. Si la mayoría de integrantes de la Cámara (la oposición + otros) lo considerase, puede censurarlo. Quizá sería mejor que Su Excelencia le pida la renuncia.
 
Sin embargo, la misma procuradora “pechó” al Presidente de la República y le exigió que despida a su Ministro de Justicia y Derechos Humanos. ¿Alguien puede petulantemente exigir la renuncia o despido de su jefe?, ¿se puede aceptar en el servicio civil que una funcionaria pública de rango medio exija la renuncia o despido de un superior?, ¿por qué ella no renunció como lo hizo Salas tras la denuncia?, ¿por qué nadie ha criticado esta insubordinación de peligroso antecedente para el futuro?, ¿acaso la lucha contra la corrupción en el Perú lo justifica todo?.
 
Vilcatoma fue humillantemente despedida en vivo y directo de la procuraduría anticorrupción durante una entrevista televisiva a Figallo, pero la denuncia sigue ahí, como una sombra funesta sobre el Gobierno nacional y el sistema de procuradurías, fiscalías y juzgados anticorrupción creado en 2001. No basta con pregonar la lucha contra la corrupción: hay que luchar, de veras. Tampoco basta con luchar porque sí: hay luchar con las instituciones y la ley, en nombre de las instituciones y la ley.
 
De lo contrario, todo será decepcionante y en vano.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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