El empresario, ex congresista y ex presidente regional
de La Libertad, candidato presidencial, César Acuña, no se cansa de derrochar su
dinero en la campaña electoral y no tiene reparos en demostrar que es un plutócrata.
Si Acuña ganase, sería el primer adinerado en gobernar
el Perú desde Manuel Prado y quiero recordárselos. Hijo del general Manuel
Ignacio Prado y sobrino del héroe de la guerra contra Chile Leoncio Prado, fue un
ingeniero civil e integrante de una de las familias más influyentes de la
historia del Perú. Su hermano Javier Prado fue conocido intelectual y diputado.
Su otro hermano, Jorge, fue Presidente del Consejo de Ministros. El otro
hermano, Mariano, sólo abogado y gran empresario. Mariano y Manuel construyeron
el “imperio Prado”: un conglomerado empresarial, que llegó a incluir la fábrica
textil Santa Catalina, la refinería de Conchán, las Empresas Eléctricas
Asociadas, el Banco Popular y el diario La Crónica.
Inicialmente, militante del Partido Civil, participó
en el golpe de estado de 1914. Al año siguiente, se elegido regidor cuando
Pedro de Osma fue Alcalde de Lima. En 1919 fue elegido diputado, pero la
dictadura de Augusto B. Leguía le apresó y después desterró.
Regresó de Francia en 1955 para participar en democracia
como candidato presidencial en las elecciones generales del año siguiente. Sedujo
al proscripto APRA para un trasvase de votos hacia él y una “Convivencia”: ganó
con 45.5% de votos válidos. Excepto los dictámenes de las comisiones para la
problemática agraria y de vivienda, algunas obras públicas de electrificación,
carreteras e irrigación y la Ley de Promoción Industrial de 1959, el gobierno
de Manuel Prado fue inepto e inmovilista. Era atacado por Acción Popular, la
Democracia Cristiana y el “rojerío”. También por el diario El Comercio a consecuencia de su cercanía con los apristas y por el
diario La Prensa a causa de su
política económica.
Prado heredó de la dictadura del general Manuel Odría
(1948-1956) una economía ralentizada por bajas exportaciones, déficit fiscal
creciente, expansión monetaria y aumento demagógico de salarios y sueldos. La
inflación subía y la moneda se depreciaba rápidamente. Con la soga al cuello,
en 1959 Prado nombró al director de La Prensa, Pedro Beltrán, como Presidente
del Consejo de Ministros y Ministro de Hacienda y Comercio. De inmediato, aplicó
medidas de estabilización monetaria, equilibrio presupuestal, eliminación de
subsidios, apertura comercial y promoción de la inversión privada. La economía
mejoró notablemente, pero las huelgas y protestas callejeras no daban tregua.
No contribuyó en nada la pompa y frivolidad de Prado,
que en 1958 se divorció de su esposa para casarse con su amante, con la venia
de la Iglesia Católica y ante el asombro de la población. Tampoco los casos de
corrupción. Fue derrocado en 1962 por un golpe de estado, faltando 10 días para
concluir su mandato, ante la indiferencia y hasta alegría de muchos.
No digo que Acuña sería igual que Prado, pero sepan
que un plutócrata al poder no es garantía de buen gobierno.

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