Imaginemos esta situación: en cualquier rincón del
país estalla una “revuelta” por x motivos.
Esta “revuelta” ocasiona una grave perturbación del
orden público. Hay ataques a la libertad personal de ciudadanos y ciudadanas,
destrucción de propiedad pública o privada, bloqueo de vías terrestres,
resistencia a la autoridad, etc. Existe un notorio o inminente peligro para la
institucionalidad, la convivencia social, la seguridad ciudadana, las
actividades económicas o el funcionamiento del Estado. Una situación que ha
sobrepasado las atribuciones ordinarias de las fuerzas policiales.
En varios países de América Latina, esta situación
se conoce con el nombre de “conmoción interior” o “conmoción interna” y
requiere medidas “excepcionales” contempladas en los ordenamientos jurídicos para
restablecer el orden alterado y el normal desenvolvimiento de la vida económica
y social. Sin embargo, en el Perú, muchos políticos, periodistas e
intelectuales llaman a estas situaciones por otro nombre: “conflicto social”.
Tampoco quieren que las autoridades recurran a los instrumentos constitucionales
y legales para reprimir el “desorden” sino que instalen “mesas de diálogo” y firmen “actas de compromiso”.
Parece una burla al sentido común, pero ocurre desde
el retorno a la democracia en 2001. En Sociología existe la “teoría del
conflicto”, una escuela surgida en las décadas de 1950 y 1960 en los Estados
Unidos. Aunque hay varios exponentes, el más emblemático es Lewis A. Coser, un
sociólogo estadounidense que nunca hubiera trascendido de las aulas
universitarias sino fuese por la Politología. Según Coser, un “conflicto social”
es la “lucha por los valores y por el
estatus, el poder y los recursos escasos, en el curso de la cual los oponentes
desean neutralizar, dañar o eliminar a sus rivales”.
Según Coser y sus estudiosos, los “conflictos
sociales” son “factor de progreso” (¿?) y tienen el fin de lograr la “integración
social” (¡!), porque quienes promueven el conflicto son grupos de interés o
presión formados para el cambio y acción social y que quieren lograr esa
integración mediante pactos o acuerdos con el otros actores o sectores o el
surgimiento de nuevas estructuras o relaciones propiciadas por estos grupos “artífices
del cambio”. Bravo.
Para quien escribe, los “conflictos sociales” no son
más que charlatanería académica que socava el sentido de las instituciones, el
imperio de la ley y la autoridad. En el Perú, gracias a quienes se alucian “progres”,
los “conflictos sociales” han servido a criminales disfrazados de “rojos” y “rojimios”
para delinquir impunemente bajo cualquier excusa y no asumir responsabilidad
penal. Estos subversivos fomentan y estimulan más protestas y formas más
violentas de protestar por réditos políticos, defensa ideológica o intereses
particulares.
¿Terminarán los “conflictos sociales”?. Cuando rechacemos
esa invención intelectualoide, les llamemos “conmoción interior” o “conmoción
interna” y no defendamos más el “diálogo” como la solución sino instituciones,
imperio de la ley y autoridad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario