Desde la prensa opositora al
Presidente de la República y su Gobierno se insinúa que el general Daniel
Urresti, ministro del Interior, sería una “versión peruana” del teniente
coronel Hugo Chávez, quien gobernó Venezuela durante catorce años hasta su muerte
por enfermedad.
Obvio, hay semejanzas: la carrera
militar, la locuacidad delante de una cámara de TV, el vocabulario populachero,
el excesivo voluntarismo y el ansia por figuración mediática. Sin embargo, Chávez
era un personaje estúpido, desagradablemente vulgar, vanidoso hasta rozar el
narcisismo y tiránico con sus subordinados. Salvo equivocación, Urresti es
ajeno a esa personalidad. También Chávez bebía de la ideología revolucionaria
latinoamericana enemiga de la democracia y el mercado. Primero en sus años
mozos, después durante su paso por el ejército. Que se juntara con el ex dictador
cubano Fidel Castro no es coincidencia sino el acercamiento de dos mentes similares
y dos caracteres afines. Que sepamos, Urresti sí cree en la democracia y el mercado
y no simpatiza con la dictadura comunista de Cuba.
Otro detalle adicional: imposible
comprender el “fenómeno Chávez” en Venezuela sin entender que fue producto de
los treinta años de hegemonía partidaria de Acción Democrática y COPEI (1959 a
1989), que debilitó la democracia con la demagogia y corrupción, arruinó la
economía a causa del populismo y estatismo y pervirtió la sociedad mediante el
controlismo y rentismo. Era un país moribundo, desesperanzado y desesperado por
un caudillo.
Chávez irrumpió en la escena
política por un sangriento golpe militar en 1992 contra el gobierno de Carlos
Andrés Pérez. Fracasó, Chávez y sus colaboradores fueron encarcelados, pero dos
años después serían indultados. Políticos izquierdistas y militares nacionalistas
retirados dieron al golpista Chávez una base política para ser candidato
presidencial en 1998, con cierta complicidad del empresariado y el periodismo.
El resto es relato conocido: disolución del Congreso y la Corte Suprema de
Justicia, destitución de gobernadores y alcaldes, aprobación de una nueva
Constitución, referendos y elecciones, concentración de poder, populismo y
estatismo, petrodólares, persecución o encarcelamiento de la oposición, ataques
a la libertad de expresión, represión, mega-corrupción, etc.
Perú es un país emprendedor,
deseoso de modernizarse y prosperar. Aunque critique la democracia restaurada
en 2001, la sociedad es mayoritariamente demócrata. Además, ¿dónde está la semejanza
con Hugo Chávez cuando vemos a Urresti peleándose con la Federación Peruana de Fútbol
y el eterno presidente Manuel Burga por la adecuación de estatutos a la
legislación deportiva?, ¿dónde está el parecido cuando lo vemos encabezando sus
estrambóticos operativos policiales?. Quizá en la cabeza afiebrada de ciertos
líderes de opinión.
¿Qué opino sobre Urresti?. Es un
bufón, pero ha hecho algo que sus antecesores en el cargo no pudieron:
convencer a muchas personas que sí está trabajando por la seguridad, aunque no haga
mucho. Hasta en eso no se parece a Chávez.


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