Doña Keiko F., hija mayor del ex dictador Alberto
Fujimori, ex congresista y dos veces candidata presidencial del fujimorismo,
reapareció en una entrevista para televisión concedida al periodista Humberto “Beto”
Ortiz.
Esperé ver a la jefa de la principal bancada opositora
en el Congreso “liderando” en un momento político crítico para el Perú, pero vi
a una mujer soberbia, inmadura y rencorosa, a quien creo no debemos encomendar
los destinos de la nación.
En primer lugar, exigió la renuncia del Presidente de
la República, porque -según ella- está involucrado en el “escándalo Odebrecht”,
la red de corrupción de la empresa constructora brasileña en el país entre 2005
y 2014. En lugar de asumir su responsabilidad ante la Historia y decir que sus
59 congresistas que aún le quedan firmarían la moción de destitución
presidencial que promueven las dos facciones de izquierda radical con representación
parlamentaria o que votarían en la Cámara a favor, prefiere “montarse” en las
encuestas de opinión que reflejarían una preferencia mayoritaria por la
renuncia de Su Excelencia, no por la destitución. Teme otra derrota política
como en diciembre pasado con el anterior intento de destitución.
Además, dijo que al Perú le iría mejor con el sucesor
constitucional. ¡No Doña Keiko!. Si usted aparece en TV pidiendo la renuncia
del Presidente de la República, su deber -mínimo- es asegurar a la nación que
su bancada garantizará a ese sucesor la estabilidad política necesaria hasta
las elecciones generales de 2021.
Por otro lado, la defensa a Jaime Yoshiyama y Augusto
Bedoya. Personajes ligados a la dictadura de la década de 1990, Yoshiyama y Bedoya
han sido señalados por Jorge Barata, ex mandamás de Odebrecht en el Perú, como
receptores de dinero para la campaña presidencial de Doña Keiko en 2011. Aunque
esa recepción no está penada y el delito de “lavado de activos” debe probarse,
el “escándalo Odebrecht” está manchando al fujimorismo. En vez de anunciar
total colaboración en la investigación fiscal y que la lucha contra la
corrupción es dentro y fuera de casa, Doña Keiko no sólo defendió a los sospechosos
sino recurrió a la “victimización” y culpó al Gobierno nacional por el accionar
del Ministerio Público y el Poder Judicial.
Finalmente, ninguneó a su hermano mejor Kenji, actual
congresista, y menospreció a los 13 congresistas disidentes del fujimorismo.
Pudiendo admitir que erró con su hermano y los disidentes, pero quiere enmendar
para reforzar su liderazgo, reconstituir la mayoría absoluta perdida en la
Cámara y fortalecer el movimiento político, dijo que ella no tiene nada que
hablar con Kenji, él sabe dónde vive y si quiere hablarle, que le busque. En
cuanto a los disidentes, repitió los mismos argumentos de su cogollo “Moto-taxi”:
fueron “comprados” por el Gobierno nacional con obras públicas para sus
electores. Una acusación ofensiva.
Hay buenas y malas entrevistas para los políticos,
pero esta entrevista es una de las peores de Doña Keiko. Tras verla dudo que
algún día ella gane una elección presidencial. Creo no merece ganar.

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