Escribo
estas líneas tras enterarme que el Poder Judicial ordenó 18 meses de prisión
preventiva para la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán.
Villarán es
investigada por el Ministerio Público en el marco del “escándalo Odebrecht”, la
mega-corrupción de la empresa constructora brasileña Odebrecht en el Perú entre
2005 y 2014. También es investigada por la corrupción de otra empresa
constructora de Brasil: OAS. Todo forma parte de la “operación Lava Jato”.
Nacida en
1949, Villarán siempre tuvo alto estatus social. Estudió educación, sociología
(en Chile) y periodismo. Vivió y respiró la década de 1970: izquierdismo,
dictadura del general Juan Velasco Alvarado, agitación política. Perteneció a los
“pitucos rojos”. Se casó con el sociólogo Manuel Piqueras, quien llegaría a ser
diputado en la década de 1980 y con quien tuvo tres hijos.
Entre 1984
y 1985 Doña Susana fue asesora del alcalde de Lima, Alfonso Barrantes. Colaboró
en la creación del programa Vaso de Leche para alivio a la pobreza, aunque
muchos años después intentó apropiarse de la autoría. En la década de 1990
estuvo vinculada a APRODEH, la ONG izquierdista defensora de los derechos
humanos. Al empezar la transición a la democracia en el año 2000 Villarán fue
nombrada Ministra de la Mujer por el gobierno de Valentín Paniagua. Años más
tarde Paniagua se quejaría de su ingratitud. En 2002 el gobierno de Alejandro
Toledo la nombró para la defensoría dentro de la Policía Nacional, pero duró
poco tiempo.
Entre 2002
y 2005 Doña Susana fue destacada para trabajar en la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos. Ya era izquierdista moderada, creyente en una economía de mercado
con desarrollo humano (¿?) y activista social. Llámenla “progre”. Así tentó una
candidatura presidencial en 2006, con la cual no obtuvo ni 1% de voto válido. Su
gran momento llegó en 2010 cuando postuló a la Alcaldía de Lima con una “confluencia”
(¡!) de izquierda radical. Ganó con sólo 38% de voto válido por la torpeza de
su rival electoral y la “benevolencia” noticiosa de ciertos medios de
comunicación. El rol adulador del periodista Jaime Bayly fue notable.
La gestión
de Doña Susana fue mediocre desde el inicio. No hay tiempo para detallar los
cuatro años, pero fue un cúmulo de desastres: el “asalto” a la Caja
Metropolitana, la corrupción de SERPAR, el desfinanciamiento del sistema de
transporte Metropolitano, el fallido reordenamiento de “La Parada” y la torpe
apertura del Mercado Mayorista de Santa Anita, los pésimos corredores viales
disfrazados de “reforma del transporte”, el excesivo gasto en asesorías y
consultorías, etc.
Cuando sus
opositores pudieron activar en 2013 la consulta popular de revocatoria de su
mandato, Villarán apeló a políticos, intelectuales, artistas y deportistas para
la campaña del NO por cualquier razón, menos su gestión. El despliegue
publicitario del NO comparado con la campaña del SI fue millonario. Ya sabemos
que hubo dinero de Odebrecht y OAS. Fue la misma época que Doña Susana rubricó
la adenda al contrato de concesión vial con OAS y el contrato de concesión vial
con Odebrecht, que hoy le causan tanto lío judicial.
Ganó el NO por
51% de voto válido y Villarán prometió no postular a la reelección el año
siguiente. Faltó a su palabra, como tantas veces antes. Perdió: apenas 10%. Fue
castigada en las ánforas por quienes se decepcionaron de ella. Traicionados por
su deshonestidad e ineptitud. Se desdibujó tanto ante propios y extraños, que
hoy pocos lamentan su desventura. Sí
lo lamento.

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