Final de la pandemia ("ESPECIAL")

 

¿Usted recuerda la pandemia viral COVID-19?. Seguramente, sí: la “peste” (como dice el periodista Gustavo Gorriti) que en el Perú se llevó por delante a más de doscientas mil personas.

Tras dos años y medio del primer caso, creo mucha gente no tiene presente el virus en su vida. De la pandemia sólo nos ha quedado la exigencia de portar mascarillas y mostrar el carné de vacunación para ingresar a algunos lugares cerrados de acceso público, las botellitas de alcohol medicinal y la prórroga trigésima cuarta del Estado de Emergencia en todo el país, con la (innecesaria) restricción a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad domiciliaria, la libertad de tránsito y la libertad de reunión.

Ni siquiera la campaña de vacunación del Ministerio de Salud la tenemos presente. El ritmo de vacunación se ha ralentizado hace meses y se está centrando (inadecuadamente) en niños o adolescentes, en vez de ancianos o enfermos crónicos. Según distinta data, presumiblemente, ochenta y cinco por ciento de la población tiene, mínimo, tres dosis de la vacuna. Desagregada la información, hay departamentos del país donde la vacunación ha sido mayor, mientras en otros fue menor. La “cuarta ola” de la pandemia fue muy contagiosa, pero gran parte de la población está inmunizada (por inmunidad natural o vacunación) y, como mucho, padeció algo parecido a la gripe común. Solamente, una minoría fue hospitalizada y ciertos pacientes fallecieron.

¿Es el final de la pandemia?. Por mi parte, este artículo sería el último dedicado al tema. Creo mucha gente percibe y siente que el COVID-19 ha quedado atrás y será una enfermedad endémica más. Entonces, ¿por qué seguimos con las restricciones sanitarias?. Bolivia, por ejemplo, levantó en febrero las últimas restricciones sanitarias que impuso por la pandemia. Otros países latinoamericanos también lo hicieron. Como ha expresado el médico Omar Neyra, ya no tiene ningún sentido práctico la “emergencia sanitaria”. Ni siquiera las mascarillas, las cuales lentamente la población dejará de usarlas.

La pandemia significó para el mundo no solamente empobrecimiento por la paralización de la actividad económica y menoscabo de libertades individuales sino mayor presencia de los regímenes políticos en el ámbito personal, familiar o social. Evidente que muchos políticos no quieren renunciar al poder concentrado por causa de la lucha contra el virus. En el Perú fue el gobierno de Martín Vizcarra el que concentró muchísimo poder cuando en 2020 empezó la pandemia, le siguió -en menor medida- el gobierno de Francisco Sagasti durante 2021 y el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno heredaron una parte mínima de esa concentración de poder.

El Gobierno nacional prórroga cada mes el régimen de excepción, sin intención alguna de levantarlo. También ha prorrogado la “emergencia sanitaria”, que permite al Ministerio de Salud comprar directamente insumos necesarios a proveedores, sin necesitar licitación pública. Los instrumentos para la corrupción administrativa y la arbitrariedad siguen vigentes. Afortunadamente, por acciones de amparo, el Poder Judicial comenzó a desmontar la maraña normativa de restricciones impuestas por la pandemia. Aunque en el Congreso hay congresistas conscientes que el régimen de excepción no debe seguir, hasta ahora nadie ha presentado un proyecto de ley para derogar los decretos supremos sobre el Estado de Emergencia.

Ya ajustaremos cuentas con el pasado y los responsables, pero es hora de voltear página a la pandemia viral COVID-19.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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