Ante la proximidad de la llegada del papa Francisco,
jefe de la Iglesia Católica, al Perú las redes sociales Facebook, Twitter y Youtube se han llenado de mensajes
contrarios a la visita.
A diferencia de Chile, primer paso del Santo Padre
antes de visitar nuestro país, donde se incendiaron seis templos católicos en
protesta, en el Perú solo se “machaca” en el “dineral” que costará la visita de
Su Santidad. Según el decreto supremo promulgado en noviembre pasado, el
Presidente de la República y su Gobierno destinarían sólo 37 millones de soles.
Gran parte de ese monto es para la organización y el montaje de los centros de
prensa en las tres ciudades de la visita. Otra parte es para custodia policial
y medidas de seguridad. Una parte más pequeña para el acondicionamiento de los
lugares donde el Papa celebrara misa y la transmisión exclusiva de la visita
por la televisora estatal. El resto de los gastos corren por cuenta de la
Iglesia Católica peruana. Se prevén retornos a la economía por alrededor de 90
millones de dólares. Todo lo demás son mentiras.
Hace tiempo en otro artículo expresé opinión personal
sobre el papa Francisco, pero ahora no viene a colación. Aunque no es igual al
caso chileno (allá es por ateísmo), me asombra este incipiente anticlericalismo
en el Perú, cuya identidad cultural está fuertemente ligada a la fe católica y
donde el discurso anticlerical jamás caló.
A diferencia de otros países latinoamericanos, en el
Perú no hubo un gran proceso de expropiación de bienes eclesiásticos
(“desamortización”) en el siglo XIX, que quedó limitado a la eliminación de
rentas y el cierre de cofradías, varias de cuyas medidas fueron tomadas antes
de la Independencia. Excepto Pablo de Olavide (a quien el Santo Oficio de la
Inquisición juzgó en 1775) y Manuel Gonzáles Prada (ateo y anarquista), ningún
intelectual ha sido anticlerical.
El APRA y el Partido Comunista nacieron
anticlericales, pero con el transcurrir del tiempo cambiaron. Si el Perú
hubiese tenido tradición anticlerical, ¿hubiésemos tardado tanto para la
reforma constitucional de 1915 por la tolerancia de cultos o por la libertad de
cultos en la Constitución de 1979, a los cuales la Iglesia Católica se opuso en
su momento?. La fuerte “izquierdización” del Perú en las décadas de 1960, 1970
y 1980 tampoco significó un avance del anticlericalismo. Incluso cuando los
terroristas de Sendero Luminoso asesinaban sacerdotes católicos, la
justificación era clasista, no anticlerical.
Entonces, ¿a qué se debe el germen anticlerical de
hoy?. Creo hay tres responsables: primero, pastores de iglesias evangélicas (no
todas, por cierto), cada vez menos ecuménicos y más anticatólicos. Segundo,
intelectuales agnósticos, cada vez más anticatólicos, como el periodista Pedro
Salinas. Tercero, miembros del clero católico, cuyo conservadurismo es cada vez
más reaccionario y divisionista, que no gozan de simpatías fuera de ciertos
sectores sociales, como Su Eminencia, el cardenal Juan Luis Cipriani.
¿Prosperará este anticlericalismo?. Por el Perú, que
Dios no lo permita.

No hay comentarios:
Publicar un comentario