Congreso sí, congresistas no


Esta semana se realizó una marcha en Lima contra el Congreso y exigiendo cerrarlo. Días atrás hubo otra y habría nuevas, tanto en la capital como en otras ciudades.

Este hecho es inédito. Quizá similar a la década de 1960 cuando las guerrillas comunista del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) iniciaban la “lucha armada” con una proclama insurreccional contra el Congreso. Ni siquiera en los meses antes del golpe de estado del 05 de abril de 1992 había gente en las calles exigiendo el cierre del Parlamento.

Quienes protestan contra el Congreso son sindicalistas, universitarios “rojos” (¡ay, la adrenalina juvenil!) y colectivos ciudadanos de izquierda radical. Algunas consignas de los manifestantes eran contra el alza del Impuesto Selectivo al Consumo a los combustibles, pero la mayoría era por el “cierre del Congreso” e -incluso- pedir una nueva Constitución. En el fondo, lo que quieren es “destruir” el modelo económico heredado de la década de 1990.

¿Acaso no hay malestar en la ciudadanía contra el Congreso?. Por supuesto. La mayoría fujimorista que controla el Parlamento ha hecho y deshecho desde la instalación de la Cámara. Posiblemente, una mayoría parlamentaria de otro signo político hubiese actuado igual. Gastos elevados en frivolidades (canastas navideñas, arreglos florales, televisores, computadoras, etc.), cambios operativos para “encubrir” subidas remunerativas, aumentos exorbitantes en la planilla laboral hasta alcanzar la cifra de 4,000 trabajadores en los cinco edificios administrativos (110 al área de prensa y ¡10! para manejar las redes sociales Facebook y Twitter), arbitrariedades por doquier (ha sido funcional Luis Galarreta, el “siniestro” presidente de la Cámara), conflicto de intereses (aunque el fujimorismo lo niegue), etc., NO, no gustan a la gran mayoría de peruanos y peruanas.

Aunque políticos demagogos, intelectuales “progres” y periodistas sensacionalistas hablasen de “manifestación democrática” o “protesta legítima” (sin contar el vandálico incendio de un patrullero de la Policía Nacional, obvio), exigir en las calles el cierre del Congreso NO lo es. Jamás será “democrática” ni “legítima” una protesta para violentar el orden constitucional y “cargarse” la democracia restaurada en 2001 desconociendo la voluntad popular expresada en las urnas hace dos años. Es una expresión de involución política.

No hay revocatoria del mandato parlamentario ni tampoco se ha cumplido la causal para la disolución constitucional de la Cámara y la convocatoria a elecciones parlamentarias. Quien escribe no votó por ningún partido político o candidatura parlamentaria, pero si lo hubiera hecho, intentaría “aprender la lección” y votar diferente en las elecciones generales de 2021. La democracia es un lento ejercicio de aprendizaje político.

Nota aparte: al Presidente de la República le gusta los buenos “segundones”. El economista Carlos Oliva es el nuevo Ministro de Economía y Finanzas. Fue Viceministro de Hacienda durante el gobierno de Ollanta Humala. Suerte.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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