Perú en tinieblas ("ESPECIAL")

 

Parece una pesadilla: a menos de una semana de asumir, el nuevo Presidente de la República fue forzado a renunciar y ahora el Congreso decidirá un pronto reemplazo para completar el mandato hasta el 28 de julio de 2021.

La democracia restaurada en 2001 agoniza, aunque me digan lo contrario. La nueva sucesión constitucional estará manchada de sangre. Sangre de dos jóvenes fallecidos en las violentas marchas de protesta en el Centro de Lima contra un Gobierno falsamente acusado de “usurpador”. Marchas con presencia juvenil, donde poquísima concurrencia sabía el por qué protestaba. Las típicas masas guiadas por arrebato y pasión antes que raciocinio. Masas que proporcionalmente no representan a toda la población, pero como en el “octubre chileno” del año pasado, iracundas. Por las redes sociales Facebook y Twitter circulan las imágenes captadas con teléfonos celulares de violencia callejera contra la Policía Nacional y la destrucción de propiedad pública y privada.

No hay triunfo ciudadano o popular. Acá ganaron algunos políticos oportunistas, precandidatos presidenciales para las elecciones generales del siguiente año. Todos sabemos quiénes son esos agitadores. También ganaron las élites sociales, intelectuales y culturales. Limeñas, “progres”, moralistas. “Políticamente correctas”. Supremacistas. Aunque no todos quieren “cargarse” el modelo económico heredado de la década de 1990 con un proceso constituyente, sí quieren asegurarse que sólo ellos “gobiernen”. Había dinero y privilegios en juego. Por supuesto, ganaron los grandes medios de comunicación, azuzadores de las protestas ante un Gobierno con poco apoyo político y que no supo defenderse. Guerra sin cuartel protagonizada por los rostros más conocidos de esa “casta periodística” basurienta, que no le interesa el país. Había muchísimo dinero en riesgo. Esos medios de comunicación no sirven a la sociedad, se sirven de ésta.

Ahora usted. Sí, usted. Tal vez marchó (pacíficamente) o hizo sonar sus cacerolas en Miraflores, San Isidro, Surco, La Molina, San Miguel, Magdalena del Mar u otro distrito mesocrático de Lima. Quizá crea que ha participado en una epopeya política. Ha alzado su voz de protesta contra la corrupción y la dirigencia política. Lamento decirle: fue utilizado o utilizada por poderosos intereses mezquinos y apetitos de poder. Nada cambiará para bien. Incluso. A partir de ahora, todo puede empeorar, porque no valdrán los resultados electorales o las votaciones parlamentarias sino la agitación mediática, las masas bulliciosas o las turbas violentas en las calles. Sin embargo, hubo deshago. Usted liberó la ansiedad y el estrés. Pataleó. Fue el resultado de siete meses de mentiras constantes, humillaciones y frustraciones causadas por ese hampón que nos desgobernó más de dos años y medio (quien quiere evitar ir a la cárcel), legador de odio, confrontación y divisionismo en el país con la excusa de la “lucha contra la corrupción”.

Si alguien cree que no habrá consecuencias inmediatas, se equivoca. Aún padecemos la pandemia viral COVID-19 y, pese a lo que diga un vil activista de bata blanca disfrazado de médico, muy conocido, cientos o miles de personas congregadas en la Plaza San Martín o afuera del Palacio Legislativo, donde el distanciamiento social y la higiene de manos volaron por los aires, ocasionará un fortísimo rebrote de contagios y fallecidos por el virus.

Creo el Perú se está “argentinizando”. Ya damos vergüenza internacional, como hizo Argentina en 2001. Vamos en camino a convertirnos en un país sin certidumbre de nada. Un país con élites podridas, corrupción campeando por todos lados, discursos demagógicos y donde impere el “sálvese quien pueda y como pueda”. Un país en lenta degradación. Un país que ni sus mismos habitantes le entiendan.

Por ahora, oro a Dios, reafirmo mis convicciones, rememoro los héroes y los grandes hitos de la historia del Perú y no reniego de mi sentimiento patrio.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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