A 15 años del Informe final de la CVR


Se cumplieron 15 años del Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

En 2001 el gobierno de Valentín Paniagua creó una Comisión de la Verdad La presidió el filósofo Salomón Lerner Febres. Le acompañaron la abogada Beatriz Alva Hart, el ex senador Enrique Bernales, el antropólogo Carlos Iván Degregori, el ingeniero químico Alberto Morote, el sacerdote católico Gastón Garatea y el ex diputado Carlos Tapia. Bajo el gobierno de Alejandro Toledo, la denominación varió a “Comisión de la Verdad y Reconciliación” y fueron incorporados el monseñor católico José Antúnez de Mayolo (nieto del matemático Santiago Antúnez de Mayolo), la socióloga Sofía Macher, el teniente general de aviación Luis Arias Graziani, el ex senador Rolando Ames y el pastor evangélico Humberto Lay.

¿Por qué la Comisión?. La transición a la democracia descansó sobre tres pilares. Uno de ellos es conocer qué le ocurrió al Perú entre 1980 y el año 2000 para aprender, difundir, reflexionar y nunca repetirlo. Esos veinte años fueron los más traumáticos como país. La violencia terrorista desatada por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y la respuesta durísima de las fuerzas militares y policiales causaron demasiado dolor, sufrimiento y miseria. Es inaceptable que lo olvidemos o distorsionemos en el futuro.

El objetivo fue construir una “memoria histórica” basada en testimonios de víctimas, familiares o involucrados. En dos años la Comisión recogió casi 19 mil testimonios y organizó 21 audiencias, a las cuales asistieron más de 9 mil personas. Recabó versión de distintos actores políticos, sociales e institucionales. Finalmente, entregó el Informe final en agosto de 2003.

Como ocurrió con procesos de “justicia transicional” en otros países, el Informe final halló fuertes críticas. Algunas centradas en la metodología de trabajo, pero no cuestionaban la necesidad de saber qué ocurrió como una lección-de-país. Otras parecían motivadas por el deseo de “limpiar culpas”. Especialmente, sectores de derecha.

“Limpiar culpas” por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad que ignoraron o avalaron. Por eso rechazan cualquier intento por conocer lo que vivió el Perú en esa época y difundirlo. De ahí críticas tan poco relevantes como si debió usarse la definición de “conflicto armado interno” (conforme al Derecho Internacional Humanitario) o si la estimación estadística (no conteo) calculó bien el número de víctimas. Al menos, esas voces críticas habrían leído el Informe final, porque hubo otras que dijeron o repitieron mentiras y les aseguro que no han leído ni el manual de su teléfono celular.

Llegamos al presente, con un movimiento político fuerte en el Congreso, deseoso de “cargarse la Transición”, con afán revisionista y lógica negacionista, motivado por interés político y resentimiento. Que estos quince años nos recuerden seguir investigando, conociendo y difundiendo lo que el Perú y los peruanos vivimos durante los “años del terror”, al margen de ciertas oposiciones. Es por el futuro.


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