El Jurado Nacional de Elecciones retiró de la
carrera electoral, definitivamente, al economista Julio Guzmán y el empresario
César Acuña.
Pese a suposiciones maliciosas y malos entendidos,
el colegiado ratificó que Guzmán y su movimiento político Todos por el Perú
violaron la democracia interna garantizada en la Ley de Partidos Políticos de
2003 al no registrar las enmiendas estatutarias que permitieron la convocatoria
a una asamblea general, la posterior conformación del comité ejecutivo y el
tribunal electoral encargado de proclamar la candidatura presidencial “morada”
del ex Viceministro de Industria y PYMES y la “convalidación” mediante una
asamblea extraordinaria. "Moradito" dice que recurrirá al Poder
Judicial, el Tribunal Constitucional y hasta la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, pero es en vano: su fotografía ni símbolo partidario
figurarán en las cédulas de sufragio que la Oficina Nacional de Procesos
Electorales (ONPE) mandará a imprimir pronto.
En el caso Acuña es una sanción. Entregó diez mil
soles a comerciantes de Chosica en Lima y prometió la entrega de cinco mil
soles en Piura. La reforma a la Ley de Partidos Políticos de 2003 promulgada
este año (ahora “Ley de Organizaciones Políticas”) sanciona esta práctica, que
Acuña realizaba cuando era candidato a la Alcaldía de Trujillo y la Presidencia
Regional de La Libertad, respectivamente. Lo reconoció, pero se justificó por “humanitario”.
A diferencia de Guzmán, Acuña no seguirá peleando, pero afirma –arrogantemente-
que se ha cometido una “injusticia” con él.
En contraste con Acuña, a quien sus numerosos
denuncias de “plagio” lo fueron enterrando y haciéndole perder defensores
políticos o mediáticos (al final, casi no tenía “acuñistas” que dieran la cara
por él), sorprende la obtusa defensa de Guzmán por parte de numerosos periodistas
e intelectuales. Especialmente, periodistas e intelectuales de izquierda. “Guzmanistas”
convictos y auto-proclamados “demócratas”, que pretendían perdonar las
tropelías jurídicas y la matonería del candidato “morado” y su movimiento,
porque debía prevalecer el derecho constitucional a la participación política y
el expectante segundo lugar en preferencias electorales, según todas las
encuestas de intención de voto presidencial.
“¡La democracia se
basa en la voluntad popular, no en las leyes!”, decían los “guzmanistas” más
influyentes. Falso. La democracia no son sólo votos depositados en las ánforas
sino también instituciones, autoridad e imperio de la ley. En realidad, “moradito”
se burló de la democracia saltándose la normativa electoral, presionando a las
autoridades y menospreciando las instituciones. También los “guzmanistas” conversos
(de izquierda, obvio) que vivieron los últimos quince años pregonando la
"defensa de la democracia", pero en verdad son capaces de “mandarla
al diablo” para evitar que sus enemigos mortales, el APRA o el fujimorismo,
puedan ganar la elección.
No obstante, la democracia restaurada en 2001 sigue
y seguirá vigente, pese a quienes quieran usarla o burlarse de ésta.


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