La actriz Magali Solier denunció haber sufrido “acoso sexual” en una de
las estaciones del servicio de transporte público “Metropolitano” en Lima y ha trastornado
a la opinión pública.
El supuesto agresor fue capturado por la Policía
Nacional y enfrentará proceso penal por el Ministerio Público y el Poder
Judicial. En lo personal, Solier es una actriz oportunista, que busca la
controversia mediática para impulsar su alicaída carrera artística. Acá no está
en discusión si ella fue o no “acosada sexualmente” sino que para ciertos
políticos, intelectuales o periodistas el sexismo masculino (machismo) se
combate con sexismo femenino.
Al comentar la noticia del arresto, Ana Jara,
congresista y hoy Ministra de Trabajo y Promoción del Empleo, dijo que todas las
mujeres deben defenderse con “tijeras, agujas y clavos” de posibles acosadores:
ojo por ojo, diente por diente. Varios periodistas de distintos medios de
comunicación dieron eco a la noticia sobre Solier y las duras declaraciones de
Jara, sin condenar la evidente incitación al odio. Ojalá Jara hubiese reaccionado
así cuando antes otras mujeres de diferente edad y condición social denunciaron
casos similares o peores que la mentada actriz.
Carmen Omonte, también congresista y ahora Ministra de
la Mujer, respondió a Jara apelando al sentido común: violencia sólo engendra
más violencia. La polémica hubiese concluido si no fuera por la alcaldesa de
Lima, Susana Villarán, quien tras el lanzamiento de su candidatura a la
reelección (faltó a su “palabra de mujer” cuando dijo tras la consulta popular
de revocatoria de su mandato en 2013 que no lo haría), anunció que las empresas
del “Metropolitano” implementarían buses troncales sólo para mujeres, a
semejanza de Colombia y México.
El anuncio de Villarán es irónico, porque ella se jacta
que su administración metropolitana no tolera la discriminación, pero la
existencia de buses para mujeres sería discriminatoria. Por eso ese servicio fue
eliminado en Brasil. Demagógica y electorera, la iniciativa de Villarán también
es sexista. Omonte se pronunció contraria a la medida. Sin embargo, algunos personajes
“progresistas” del periodismo como la lingüista Patricia del Río no les disgustan
la idea.
Omonte también dijo que el Estado debe realizar
campañas de “reeducación” para enfrentar el acoso sexual. Para quien escribe las
mujeres son libres de vestirse como deseen, pero responsables por las
consecuencias de vestir tal o cual prenda. Una jovencita que sale a la calle
vistiendo leggins y polo licrado escotado
o un diminuto vestido ajustado y calzando zapatos de tacón aguja no puede
pretender que no hallará varones de distinta edad o condición social que le
falten el respeto.
Acabo con una frase de Thomas Jefferson, intelectual y
precursor de la independencia de los Estados Unidos, expresada en 1788 y apropiada
hoy: desde la antigua Atenas hasta el imperio Bizantino, las grandes
civilizaciones de la Historia olvidaron la moral y las virtudes cívicas y
empezaron el declive cuando sus mujeres abandonaron el pudor y el decoro.



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