La problemática venezolana


El Presidente de la República nos sorprende con otro anuncio para satisfacer pulsiones instintivas de la plebe.

Acompañado del Ministro del Interior, Su Excelencia anunció que, desde este mes, el Perú solicitará a los venezolanos que deseen emigrar el pasaporte y la “visa humanitaria” otorgada en nuestros consulados de Caracas y Puerto Ordaz en Venezuela. Excepcionalmente, se podrá tramitar la “visa humanitaria” en los consulados de Bogotá, Medellín y Leticia en Colombia y de Cuenca, Guayaquil, Quito, Machala y Loja en Ecuador. Visas de turista, negocios, estudios o fiancé se podrán tramitar en cualquier consulado peruano en el extranjero.

El Presidente de la República hizo el anuncio en la Base Área N°8 del Callao cuando se realizaba la tercera deportación de venezolanos en el año, que habrían entrado al país “mintiendo” sobre sus antecedentes policiales en Venezuela. A un operativo policial le dio connotación política. Lo hizo después que diarios sensacionalistas publicaron sendas crónicas sobre asaltos o asesinatos cometidos por algunos venezolanos y el Alcalde de Caravelí en Arequipa mostró su xenofobia pidiendo a los venezolanos que se marchen de su municipio.

Oportunistamente, Su Excelencia aprovechó que el Ministro de Relaciones Exteriores estaba en Guatemala para una reunión del “Grupo de Lima”, los países que (excepto México) desconocen la dictadura de Nicolás Maduro y reconocen a Juan Guaidó, el “presidente interino” nombrado por la Asamblea Nacional opositora, que discute soluciones a la tragedia venezolana.

Hemos hablado demasiado sobre Venezuela: la destrucción económica y la pauperización acelerada, la violencia criminal, la censura, la represión, los encarcelamientos, etc. Los venezolanos que todavía pueden se van, como pueden: atravesando caminos peligrosos, recorriendo largas distancias y siendo presas de malhechores. En Colombia la cifra de venezolanos alcanzaría pronto el millón y medio y no cesa. El segundo destino es el Perú, cuya cifra llegaría a ochocientos mil.

La exigencia del pasaporte y el visado hubieran sido aceptables hace tres años. Ahora no. Conseguir un pasaporte en Venezuela o renovarlo es un lujo en dólares permitido a poquísima gente. Además, si viaja por tierra, se lo pudieran robar o hurtar. Esta exigencia es -sin decirlo- cerrar la puerta al éxodo venezolano.

¿Parará el arribo de venezolanos?. No, porque ahora los traficantes de personas cobrarán ofensivas sumas de dinero para hacerlos ingresar al país, falsificando documentos y corrompiendo autoridades. Sin embargo, xenófobos de izquierda radical y derecha conservadora se sentirán políticamente respaldados. No asombraría que aumenten los actos públicos de xenofobia.

Si el Presidente de la República no fuera un “aventurero”, hace rato su Gobierno hubiese diseñado y ejecutado un conjunto de políticas para “acelerar” la asimilación del éxodo venezolano a la economía y sociedad peruanas y aprovechar ese capital humano -generalmente, bien cualificado- en proyectos nacionales. Para todos nosotros, desgraciadamente, no fue así.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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