¿Por qué no soy “anti-izquierdista”? ("ESPECIAL")

 

Actualmente, quien escribe ha dejado de leer los diarios Expreso y La Razón y ha dejado de ver la televisora privada Willax. ¿Por qué?. Cada vez más los sectores “de derecha” están dominados por facciones conservadoras, incluso extremistas. A raíz de influencias externas, esas facciones están más involucradas en la denominada “batalla cultural”.

Proveniente de la realidad de los Estados Unidos, la “batalla cultural” es un conflicto ideológico y una lucha por la imposición de valores, creencias y prácticas relacionados a temas socialmente polarizadores o imposibles de lograr acuerdo. Por ejemplo, el aborto, la unión civil no-matrimonial entre parejas del mismo sexo o el matrimonio igualitario, la eutanasia, la perspectiva de género, la multiculturalidad, etc. Quienes apelan a la “batalla cultural” están a “la derecha” del espectro político para oponerse o prohibir a todo lo que defiendan sus contrapartes en “la izquierda”. Por eso invocan tanto a Antonio Gramsci, político y célebre teórico marxista italiano de inicios del siglo XX.

Gramsci, quien fue encarcelado por la dictadura de Benito Mussolini en 1926 (el Komintern en Moscú no movió un dedo para liberarlo de los fascistas), formularía en prisión la tesis de la “hegemonía cultural”: para hacer la revolución es necesario, primero, que los comunistas dominen el sistema educativo, las iglesias y los medios de comunicación para, después, acabar con los aparatos represivos de la burguesía y cambiar los modos de producción capitalista, al revés de lo que creían los marxistas ortodoxos. Tras la Segunda Guerra Mundial las ideas de Gramsci renacieron en Occidente, allá por las décadas de 1950 y 1960, por iniciativa de los “neo-marxistas”, quienes en los Estados Unidos sí se volvieron culturalmente hegemónicos. Son ellos a quienes les debemos hoy nociones contemporáneas como derechos humanos, derechos sexuales y reproductivos, comunidad LGTBIQ+, discriminación positiva, etc.

Quienes desatan la “batalla cultural” abogan por la vuelta a nociones clásicas como vida, familia, Dios, autoridad, etc., por tanto, deben “combatir” o “guerrear” a cualquiera que se oponga a esa batalla o no colabore en la victoria final, quienes son tildados de “comunistas”, “neo-comunistas”, “social-confusos”, “rojetes” o, simplemente, “izquierdistas”. Aunque existen quienes tienen buena argumentación (para debatirla), la gran mayoría de estos guerreros postmodernos se quedan en la etiqueta descalificativa, la difamación o el insulto.

En Perú, desde hace algunos años, en sectores “de derecha” comienza a calar este discurso sobre la “batalla cultural”, importado del Occidente rico, que cae como anillo al dedo dentro de “peleas cainitas” y “odios tribales”, propios de la idiosincrasia peruana. La soberbia y ensimismada “progresía” limeña, influida por el “neo-marxismo”, se pelea con “brutos” y “achorados” en sectores “de derecha”. En realidad, la cultura importa muy poco. Es una lucha por influencia social y respaldo electoral. Es una lucha por poder político.

¿No me cree?. Vea, escuche o lea cómo a ambos extremos ideológicos se pelean desde los medios de comunicación y las redes sociales, descalificando a cualquier que no piense como ellos. Lo que crea la gran mayoría de la sociedad no les interesa. Entonces, ¿por qué soy anti-comunista, pero no “anti-izquierdista”?. Siempre he sido de “mente abierta”. No me gusta la “batalla cultural”, que sólo preocupa a minorías fanatizadas. Si ser “anti-izquierdista” implica oponerse a todo lo que no coincida con un punto de vista “derechista” sobre el mundo, no gracias.

No va conmigo.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores