El viernes pasado, el Congreso debía debatir y votar dos dictámenes de la Comisión de Constitución y Reglamento: dos proyectos de reforma a la Constitución de 1993.
Uno, un texto sustitutorio, planteaba la eliminación de la inmunidad parlamentaria (proceso y arresto) y la exclusividad de la Corte Suprema de Justicia para conocer procesos penales a congresistas. El otro, planteaba el impedimento de ejercer cargos elegidos o nombrados a quienes tengan sentencia judicial condenatoria en primera instancia por delitos dolosos.
En la sesión, que duró hasta la madrugada del sábado, la Cámara no votó el segundo dictamen y no alcanzaron los votos en el primer dictamen para evitar un referéndum ratificatorio. Aunque hubo varios congresistas que votaron en contra, muchos se abstuvieron. De inmediato, el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 mostró su “malestar”, su comparsa mediática le siguió y él quiso distraer la atención.
La situación política se le pone peliaguda al “aventurero”. El fracaso de su Gobierno ante la pandemia viral COVID-19 en el Perú es clamoroso. Van ganando fuerza las voces señalando más de ¡34 mil fallecidos!. Ya el diario El Comercio habla de posibles responsabilidades penales. De seguro, los gremios médicos las plantearían. Por otro lado, las fases del reinicio de actividades económicas fueron un fiasco. La reactivación tampoco funciona. Más y más empresas quiebran. Desempleo y empobrecimiento aumentan. También las denuncias de corrupción administrativa. Entonces, el “aventurero” habría acudido a su siniestro asesor argentino y pensó en volver a la redituable práctica del año pasado: confrontar con el Congreso.
El Congreso programó reunirse el domingo para volver a votar los dictámenes, pero antes que la Cámara sesionara por la tarde, el “aventurero” apareció elegante en mensaje televisado despotricando del Congreso y anunciando la convocatoria a referéndum para ratificar la eliminación de la inmunidad parlamentaria. Él, quien aún no convoca a las elecciones generales del siguiente año, dijo que convocaría a consulta popular, cuando lo hace el Jurado Nacional de Elecciones. En la noche, la Cámara votó y aprobó mayoritariamente ambos dictámenes, pero incluyó dos proyectos de reforma constitucional de último momento: añadir que el presupuesto público en educación no será menor al 6% del PBI (nostalgia por la Constitución de 1979) y la posibilidad de acusar al Presidente de la República durante su mandato por corrupción administrativa (pasada o presente) y la eliminación del derecho de antejuicio a los ministros.
Esta jugada le salió mal al “aventurero”. El Congreso ha golpeado al Gobierno en donde menos lo esperaba. El pánico ha cundido entre los ministros. Así parecen expresarlo el Presidente del Consejo de Ministros y el Ministro de Justicia y Derechos Humanos. Falta la segunda votación. No obstante, el mensaje político es para el “aventurero”: no te metas con nosotros, porque somos capaces de ir por ti.
¿Entenderá el “aventurero”?.
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