¿Quién quiere al “Doc”? ("ESPECIAL")

 

La semana anterior un pequeño contingente del colectivo ciudadano La Resistencia organizó una protesta frente a las oficinas del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) en el Centro de Lima.

La Resistencia es la más conocida “patota de choque” que sirve a los sectores políticos “de derecha”. No había más de veinte personas: ninguna mayor de cuarenta años de edad. Con pancartas y banderolas exigían la liberación del ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, quien está encarcelado desde el retorno a la democracia en 2001 y condenado por violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, narcotráfico y corrupción administrativa.

Coincidentemente, desde meses atrás, más de un despistado “de derecha” en redes sociales afirma que Montesinos, hoy un anciano octogenario, con sus “conocimientos” de inteligencia, nos ayudaría a combatir el crecimiento de la delincuencia común y la criminalidad organizada. Quizá por el tiempo transcurrido parece haber una leyenda urbana entorno a Montesinos. El periodista Gustavo Gorriti advierte de no subestimar al otrora ex asesor de inteligencia, pero Montesinos, bajo la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990, estaba más cerca de un intrigante palaciego por el poder que de un “temible operario del recontra-espionaje”.

Tómennos el caso del mismo Fujimori. Al contrario de lo que pueden afirmar personajes “de derecha” como el congresista Fernando Rospigliosi (¿qué será de él cuando las tornas cambien?), el ex dictador no era un gran estadista, un hombre de firmes convicciones, un tipo con la cabeza bien amoblada, un señor de alta honorabilidad ni un visionario. El periodista Luis Jochamowitz, quien escribió la mejor biografía no-oficial de Fujimori, lo describió muy bien: Fujimori no era un hombre que se desviviera por la “cosa pública”. Era alguien que podía contradecir sus palabras con sus hechos sin rubor alguno. Un individuo a quien nunca le interesaron las ideas sino los métodos: por eso admiraba al difunto dictador cubano Fidel Castro, pero no por simpatías hacia el comunismo sino porque Castro había durado tanto tiempo en el poder.

Fujimori también era alguien quien sólo se envalentonaba cuando se sentía respaldado: por ejemplo, corrió a esconderse en la residencia del embajador japonés en Lima durante la fallida intentona contra-golpista del 13 de noviembre de 1992. Un hombre carente de preocupaciones o inquietudes morales o éticas y a quien no lo guiaba el amor patrio sino los deseos de vanidad y la obsesión por el poder. A los personajes históricos también hay que retratarles su rostro humano.

Montesinos, quien buscaría acceder a nuevos beneficios penitenciarios aprobados por el putrefacto Congreso y cambiar su carcelería en la prisión de la Base Naval del Callao por cárcel domiciliaria, por ignorancia o estupidez, ha sido pintado como lo que no era. Montesinos es un "traidor a la patria", porque vendió secretos militares a Ecuador en la década de 1970: por eso fue echado de las Fuerzas Armadas. Fue abogado de narcotraficantes en la década de 1980. Pese a todas las advertencias, Fujimori lo convirtió en su asesor de inteligencia y fue su cómplice en la dictadura después del golpe de estado del 05 de abril de 1992. Un tipo que tuvo negocios con el narcotráfico y la venta de armas.

Montesinos era un individuo a quien el lujo y el poder sedujeron completamente. Un hombre con toda su escala valórica torcida. Un ser temperamental (Fujimori era más calculador que él) y vengativo. Un personaje capaz de mentir sin pudor y ordenar matar sin ningún reparo. Alguien que se creía inteligente y listo, pero sólo era astuto y sinvergüenza.

¿Los sectores “de derecha” quisieran libre a Montesinos?. Si así fuese, no tendrían remedio.

 

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