¿Hacia el final de PPK?

Pensé que la víspera a la Navidad en nuestro Perú sería tranquila, pero nos equivocamos.

El viernes 15 se presentó en el Congreso la moción de orden del día multipartidaria para destituir al Presidente de la República por “incapacidad moral permanente”. Tras horas de debate, por la noche, con noventa y tres votos a favor, diecisiete en contra y ninguna abstención, la Cámara inició el proceso de destitución. Un fallo del Tribunal Constitucional en 2003 reguló este procedimiento: una vez iniciado el trámite parlamentario, la destitución se vota entre tres a diez días hábiles posteriores. El mismo día de la votación Su Excelencia tiene derecho a concurrir con su abogado a la Cámara para “defenderse” durante una hora. Después empieza el debate y, al final, la Cámara votará la destitución.

¿Cómo llegamos a esta situación?. Dentro del “escándalo Odebrecht” (la corrupción de la empresa constructora brasileña Odebrecht en el Perú, entre 2005 y 2014), la “Comisión Lava Jato” del Congreso recibió información de Odebrecht indicando que una empresa perteneciente al Presidente de la República habría asesorado a la constructora entre 2004 y 2007, cuando aquél era funcionario público durante el gobierno de Alejandro Toledo. Aunque los contratos son legales, la empresa era administrada por un socio con quien Odebrecht firmó los contratos de asesoría financiera y sólo hay una única transferencia bancaria de esa empresa a la cuenta personal del actual mandatario en 2007, un año después de haber dejado la función pública, se presume que habría cometido cohecho o colusión.

Por desgracia, el Presidente de la República negó en varias ocasiones haber tenido vínculos laborales con Odebrecht, que no es delito. Sin embargo, revelaciones o desmentidos posteriores lo delataron. No se percató de la inminente crisis política, mientras la Presidenta del Consejo de Ministros estaba más preocupada por una delegación de facultades legislativas, que hoy a nadie interesa. Cuando la información fue revelada por la Comisión, el fujimorismo, que actúa como pandilla en el Congreso y como horda en los medios de comunicación y las redes sociales Facebook y Twitter, gritó “¡renuncia!”. No pidió corroborar la información de Odebrecht, como sí lo hizo para su lideresa, doña Keiko F. Hasta dio un “ultimátum” a Su Excelencia para que renuncie.

El Presidente de la República apareció en Mensaje a la Nación casi al filo de la medianoche explicando su versión sobre la acusación, poniéndose a disposición del Ministerio Público y el Poder Judicial y reiterando que “no renunciará”. Hasta entonces sólo los “rojos” acaudillados por el ex sacerdote católico y actual congresista Marco Arana habían pedido la destitución y exigido elecciones generales. Al no haber renuncia, el fujimorismo, el APRA, Acción Popular, Alianza para el Progreso y los “rojos” seguidores de la ex congresista Verónika Mendoza votaron por iniciar el procedimiento de destitución.

¿Habrá destitución?. Probablemente, sí, el jueves 21: día decisivo. Excepto los “rojos aranistas” (ni siquiera los “rojos mendocistas”), que no ocultaron la vocación totalitaria y el afán desestabilizador del marxismo-leninismo, las bancadas parlamentarias no querrían elecciones ya. La Constitución de 1993 (como la Constitución de 1979) no especifica si al final de la sucesión constitucional, deben convocarse elecciones generales o sólo presidenciales. Las crisis políticas no se resuelven con elecciones, pero no sabemos qué pasará después del 21. Ya empezó la agitación callejera, pero contra la destitución.

No puedo dejar de aludir a la “casta periodística”, que está haciendo gala de incultura y hasta idiotez acusando a diestra y siniestra, haciendo demagogia, diciendo tonterías y clamando por la cabeza de Su Excelencia.

Al margen de la suerte del Presidente de la República, que Dios proteja al Perú.

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