Emergencia sin emergencia

 

Pareciera que la Presidenta de la República y su Gobierno han cometido un error al haber decretado el Estado de Emergencia por sesenta días en los distritos limeños de San Juan de Lurigancho y San Martín de Porres.

Aunque han criticado la supuesta falta de plan o estrategia contra la criminalidad organizada o la delincuencia común, el Teniente Alcalde de Lima y varios alcaldes limeños piden la extensión del Estado de Emergencia a toda Lima. Creo ellos se hacen eco de la gran mayoría de limeños y limeñas, que se sentiría más tranquila si ve a las Fuerzas Armadas acompañando a la Policía Nacional en el patrullaje de las calles. Al fin de cuentas, la ciudadanía sólo quiere sentirse segura dentro y fuera de sus viviendas.

La criminalidad organizada (secuestros, asesinatos, extorsión, etc.) se enfrenta con labor de inteligencia: investigación, seguimiento, vigilancia, detección y captura para desarticular las bandas y apresar a los cabecillas y sus cómplices. Al contrario, la delincuencia común (robos o hurtos) se enfrenta con prevención del delito y sanción a los delincuentes. La Policía Nacional puede enfrentar la criminalidad organizada y la delincuencia común, pero requiere de mayores recursos, mayor personal capacitado, mejor coordinación interinstitucional y mejor logística.

Sin embargo, los políticos y los medios de comunicación apelan a soluciones efectistas basadas en el imaginario colectivo. La Alcaldesa de San Isidro dijo públicamente esperar que soldados armados patrullando las calles sean una forma de “prevención disuasiva”. Mejor dicho, ella y mucha gente confían, desean, suplican que un malhechor tiemble de miedo al ver un soldado con su fusil en mano y deje de delinquir. Ninguno de ellos parece conocer que las Fuerzas Armadas están reguladas por protocolos sobre uso de armas de fuego. Los soldados sólo podrían hacer uso de sus fusiles si alguien los atacase. Si no, como mucho, dispararían al aire. Nada más.

Los alcaldes capitalinos están envalentonados por la notoriedad mediática adquirida a consecuencia del Estado de Emergencia. Después de haber “fastidiado” con el tema, ahora el Alcalde de San Juan de Lurigancho encabezó una marcha de protesta contra el toque de queda impuesto en ese distrito durante algunas horas de la madrugada alegando que “San Juan de Lurigancho no duerme” y necesita que haya actividades económicas. Al mismo tiempo, ha asegurado que el Estado de Emergencia se extendería más allá de los sesenta días. Astutamente, se envolvió en una bandera y ahora lo hace con otra. 

Por más que puedan ser irresponsables, demagogos o sinvergüenzas, los alcaldes fueron elegidos por voto popular en comicios libres, mientras la Presidenta de la República no lo fue y su Gobierno asienta (aún) toda su legitimidad en la Constitución de 1993. Por eso los alcaldes se dan en lujo de ir al Palacio de Gobierno y presionar al Presidente del Consejo de Ministros. Esta dinámica no hace más que debilitar políticamente al Gobierno nacional.

Mientras tanto, continúan los asaltos, los asesinatos, la inseguridad.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores