Pensamiento ilusorio. En psicología, es una forma de raciocinio basada en creencias o deseos antes que en realidad o evidencias.
El cambio del viejito “hitleriano” por una politicastra extremista, mentirosa y avinagrada, quien hace pocos días era la Ministra de Cultura, en la Presidencia del Consejo de Ministros después que el primero pretendió presentar una cuestión de confianza al Congreso sobre una materia ilegalmente vedada parece haber convencido a la gran mayoría de la opinión pública que el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno buscan forzar la disolución de la Cámara guiándose por el antecedente del 30 de septiembre de 2019. Especialmente, cuando el “hombre sin sombrero” dijo en un breve y nocturno mensaje televisado que la declaración de “improcedencia” del pedido, aprobada mayoritariamente por la Mesa Directiva del Congreso, constaba -según la Constitución de 1993- como una primera denegación, pese a que la cuestión de confianza no fue debatida ni votada por los congresistas. En esa lógica político-jurídica absurda, faltaría una denegación de otra cuestión de confianza para que el “hombre sin sombrero” pueda promulgar el decreto supremo disolviendo la Cámara.
Aquí entra el pensamiento ilusorio. Hay quienes creen que el “hombre sin sombrero” no se atrevería a forzar la disolución de la Cámara, porque, de acuerdo al decreto supremo disolvente, debería convocar a comicios parlamentarios extraordinarios, su popularidad es tan baja y no tiene respaldo partidario que terminaría con un Congreso mucho más opositor que el actual y acabaría cayendo, como cayó el gobierno de Martín Vizcarra en noviembre de 2020.
Estamos ante un Gobierno nacional que viola impunemente la Constitución de 1993 y la ley. ¿Alguien puede creer que esos comicios extraordinarios serían libres?. El “hombre sin sombrero” legislaría durante el interregno parlamentario con decretos de urgencia que podrían asegurarle -como sea- la mayoría absoluta favorable a él en la Cámara. También podría “comprar” una marca partidaria de izquierda radical. Incluso con los decretos de urgencia podría convocar el tan deseado referéndum constituyente.
También existen en la opinión pública quienes creen que el Congreso estaría dispuesto a aprobar cuántas cuestiones de confianza plantee el Gobierno nacional para evitar la disolución de la Cámara, porque los congresistas “no se quieren ir”. Considerando que el “hombre sin sombrero” tampoco quiere irse, entonces el país podría aguantar así hasta 2026.
No estamos en un periodo normal. No hablamos de un Presidente de la República que “no se entiende” con el Congreso y sólo quiere durar hasta el final del mandato. Hablamos de un rufián liderando una pandilla criminal, que han delinquido y siguen delinquiendo. Tan pronto dejen el poder irán a la cárcel. Por tanto, el “hombre sin sombrero” y sus bandidos necesitan impunidad. “Cargarse” el Congreso sería el primer paso. Después buscarían “cargarse” el Ministerio Público, el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. Por último, los grandes medios de comunicación. Es una operación política suicida (el Gobierno nacional confía, erróneamente, que las Fuerzas Armadas no intervendrían), pero se juegan la libertad personal.
Son
tiempos de cabeza fría y temple, no de pensamiento ilusorio.
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