El
Presidente del Consejo de Ministros consiguió la aprobación de la cuestión de
confianza por el Congreso, aunque el voto fue polarizado y dividido.
Durante el
debate en la Cámara fue una constante las alusiones al “diálogo”: que es “hora
del diálogo”, que el Gobierno nacional no tiene disposición al “diálogo” (por
el actual conflicto en la mina Las Bambas entre comuneros y la empresa minera
china MMG, del cual poco se habló), que tal partido político tiene vocación de “diálogo”,
etc. En la acción política debe existir el diálogo. También la negociación, la
convicción, la voluntad y la decisión. Sin embargo, sólo se invoca al “diálogo”
y muchos políticos parecen competir entre quién es más “dialogante”.
En el Perú,
desde la restauración de la democracia en 2001, los “rojos” y “rojimios”
convirtieron el pensamiento o la acción política cargada de “buenas intenciones”
y sentimentalismo, que cree poder resolver cualquier problema con “diálogo”, “solidaridad”
y “tolerancia” (en España le llaman “buenismo”), en elemento central de nuestra
cultura política y nuestro sistema político. Por eso ese fetiche dialoguero se ha plasmado en “mesas de concertación”, “comisiones de alto nivel”, “consejos
participativos”, etc. Esta creencia está diseminada entre los partidos
políticos, los medios de comunicación, la intelectualidad y la sociedad civil.
Decir que
(ellos) deben “sentarse a dialogar pensando en el país” se oye lindo,
romántico. No obstante, es una falacia peligrosa, porque supone que TODOS
buscan el diálogo, la solidaridad y la tolerancia. No concibe que puedan haber “interesados”,
“oportunistas” o “maliciosos”, como existen en el mundo real. No es posible
dialogar y negociar con quien no quiere diálogo o sólo lo utiliza para imponer
sus puntos de vista o exigencias, porque la contraparte muestra “debilidad”.
Diálogo, con quien quiere dialogar y se pueda dialogar, porque todas las partes
tienen una visión en común del país más allá de naturales discrepancias o
intereses subalternos.
Si nuestra
visión es un Perú en democracia con instituciones, imperio de la ley y respeto
a la propiedad pública y privada, NO podemos dejarnos arrastrar a “diálogos”
con quienes no creen en la democracia, menosprecian las instituciones, cometen
delitos y destruyen propiedad pública o privada, aunque se envuelvan en la
bandera nacional (¡ay, nuestro símbolo patrio ya sirve para todo!), se
victimicen públicamente y exijan “dialogar” para resolver sus demandas, porque
ellos no lo considerarán un acto de solidaridad y tolerancia sino como muestra de
DEBILIDAD. Quienes se creen “fuertes” siempre, siempre se aprovecharán de
quienes creen “débiles”.
Post data: finalmente, la Corte Suprema de Justicia declaró
infundada la acción popular de la ONG Padres en Acción contra el “enfoque de
género” en el currículo educativo nacional. Ya el movimiento pacato “Con mis
hijos no te metas” anunció las “marchas ciudadanas más grandes” de nuestra
historia. O sea, enseñarán a sus hijos que en la calle se gana lo que no se
puede en el Poder Judicial. ¡Geniales!.

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